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Índice de los libros y sus
comentarios publicados en esta sección |
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de
Cynthia Szewach
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de Eva Gerace
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de Verónica Diez
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de
Marcelo
Izaguirre
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EL TRAPECISTA
-
Autor: Fernando Araújo (Planeta 2008 - 3º Edición)
Comentario
de Eva Gerace
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de
Lidia Alazraqui
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de Paula M. de Gainza
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de
Marina di Carlo
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN.
PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA -
Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario
de Miguel J. Lares
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EDUCAR PARA CRECER
- Autores: Eva Gerace y Francesco Idotta. (FunSaRe 2010)
Comentario de Eva Gerace
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LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO
-
Mirta Pipkin
(Letra Viva Edición 2009)
Comentario de
Elida Fernández
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ROTTE
MEDITERRANEE. Dal Mare sopraggiunge
l’Altro, Messaggero di novità
- Autore: Francesco Idotta (Città del Sole Edizioni 2009)
Comentario
de Eva Gerace
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LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO
-
Mirta Pipkin
(Letra Viva Edición 2009)
Comentario de Blanca Aragón Muñoz
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario de Cynthia Szewach
“No tengo que
transformarlo en juego sino decirle que está jugando”
Jorge Fukelman
Gratas tardes
charlando tomaron forma de libro.
Leemos. Lectura
de sorbos, de saltos, a veces en continuidad placentera.
Otras, nos
encuentra deteniéndonos en las distintas complejidades,
practicadas en términos aparentemente sencillos, pausados,
hilados cuidadosamente.
A veces andamos
sin rumbo prefijado, guiados por el ritmo que propicia una
libertad asociativa.
Recibimos el
recorrido que con generosidad proponen quienes
hablan/escriben, escriben/dicen.
A veces podemos
oler el café servido en ceremonia atenta para la obertura a
la reunión, que palpamos en el texto.
Ambicionamos
como lectores agregarnos al terceto reunido zapando entre
anacrusas y resonancias y reflexiones muy trabajadas. Nos
sorprenden al leer solfeando con las manos.
Imaginamos, por
otra parte, que las palabras han sido escuchadas una y otra
vez, y luego, encontradas en el papel.
Que no se pierda
la voz.
Se desafía en el
texto lo irremediablemente perdido y, sin embargo es desde
aquella morada, desde donde se hace pasar esa voz.
La pérdida es la
de la marca, nos va diciendo Jorge Fukelman, en
sus temas, que las charlas van situando: el cuerpo, la
imagen, el espejo, el laleo, el cuadro, la ausencia…
No se trata de
transformarlo en escrito sino decir que se está escribiendo.
Conversaciones,
un arte. El diálogo, una disponibilidad que campea lo
imposible. Preguntas, un desprendimiento. Paula de Gainza y
Miguel Lares, (les estamos agradecidos), ingresan en las
tres dimensiones, mientras saben que lo que se está
produciendo es un enlace de viajantes que testimoniaran su
travesía y que legarán al psicoanálisis su bitácora. Un
testimonio del eslabón que Jorge Fukelman, establece en
la historia del psicoanálisis en Argentina y en especial en
la práctica con niños.
Al mismo tiempo,
los autores susurran entre paréntesis para quien quiera oír
o quiera detener su paso en estaciones que despejen o
acentúen un concepto, un minucioso trabajo de la nota que
hace pie.
Como siempre,
Jorge Fukelman, hace pasar sus vastas lecturas, por su
decir personal, hace de la cita un festín propio. Si bien la
pregunta acerca de la existencia de un analista, no se elude
(¿existe un analista?), acentúa como siempre que lo que se
produzca lo que se interrogue, se dirá desde lo que está
en el analista. No gambetea jamás la pregunta por el
cuerpo, por la fantasía y por el goce. Incluye siempre lo
que le atañe, esa palabra que tanto insiste en su
hablar.
Leemos, aquello
que se escribe de lo que se escucha.
Así como también
leemos el valor de deletrear en esa escucha lo que el niño
“Tratará de leer con su cuerpo” y “El cuerpo como comentador
de las letras parentales reprimidas”
La digresión y el
desvío como puesta en acto del inconsciente. El silencio,
la pausa, el semi-decir, la metáfora, como puesta en acto
de la falta puesta en juego.
Sus intereses y
su política abrevan en el barro de la práctica analítica
misma, las preocupaciones por sus pacientes y lo que del
día le cuenta al día.
El compromiso con
la época, las figuras de exclusión y segregación de su
tiempo, los momentos por el que atraviesa la cultura y en
especial los efectos que portamos de la historia que
atravesó nuestro país, son plasmados en las respuestas una
y otra vez.
Escudriñar lo
singular, lo de cada uno, y en tono de respeto amable, no
es jerga en su pluma oral. Es una ética practicada.
Lo perecedero
interrumpió una palabra. Pero el libro “Conversaciones con
Jorge Fukelman”, como diría Juarroz, es uno de esos
momentos, en los que el hilo de la ausencia no deshace el
tejido.
Cynthia
Eva Szewach
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario de
Eva
Gerace
“dale
que yo era…”
Conversación, del latín
conversatĭo–ōnis,
indica la acción y efecto de hablar entre personas, donde
hay comunicación, hay diálogo, hay preguntas, hay trasmisión
oral.
Comunicación mediante la palabra entre varias personas que,
alternativamente exponen sus ideas y matices. Así los
diferentes diccionarios me ayudaron con la primera palabra
del título del libro Conversaciones con Jorge Fukelman –
Psicoanálisis: juego e infancia. Y de eso se trata, de
una conversación, varios encuentros, diferentes preguntas,
entre Jorge Fukelman y Paula M. de Gainza y Miguel Jorge
Lares.
Los autores nos recuerdan que Jorge Fukelman se dedicó más a
la trasmisión oral que a la escrita, naciendo así en ellos
“la intención de hacer un libro que incluyera una serie de
entrevistas con él” más una “buena parte de sus
disertaciones públicas”, entre 1991 y 2007, las cuales pasan
a ser fragmentos de los llamados escolios, apostillas
al final de cada capítulo, y de algunos de los comentarios
que nutrieron esas conversaciones que me hacen
recordar a Virgilio guiando a Dante cuando este decide
entrar en el Infierno y lo hacen conversando. Conversaciones
profundas, serias, que descubren experiencias, sorprenden y,
así, inician un viaje al centro de la tierra, como si de un
rito iniciático se tratase.
Supimos así que el dolor, la tristeza, la oscuridad brumosa
de ciertas experiencias de la infancia, pueden encontrar
alguna salida. Empresa ardua, que los autores nos facilitan
leer. El pensamiento y la reflexión sobre una práctica
singular que Jorge Fukelman trató “de aclarar esto con un
ejemplo”. Simplicidad y sorpresa en el trabajo clínico,
complejidad en la teorización, siempre con rigor y reflexión
y una invitación: el viaje debe continuar…
Conversaciones que resuenan amigables a nuestros oídos,
conversaciones que muestran un empeño, una cadencia para
aprender a “sentarse junto a…” y escuchar Lo que la noche
le cuenta al día...Hai
fatto +1 pubblicamente su questo elemento.
Hace ya unos meses llegó a mi correo un email: dos personas
querían confirmar algunas informaciones, luego sabría
porqué: Jorge había hecho circular la historia de su
encuentro con la Costa Caribe de Colombia. Así supe de este
libro y, coincidencias de viajes me llevaron, primero a
Cartagena, y luego a participar en la presentación, en la
Sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional de Buenos
Aires, del libro Conversaciones con Jorge Fukelman.
Psicoanálisis, juego e infancia, de Paula de Gainza y
Miguel J. Lares.
Por ello quise escribir algunas palabras que, a su vez,
también recordasen el paso de Jorge Fukelman por Cartagena
de Indias en 1996, convocado por el Círculo Psicoanalítico
del Caribe, cuando nos reunimos a trabajar en un seminario
que él llamó: Ponerse en Juego - Niñez y
Adolescencia.
Dos frases recordadas al azar:
“Si ustedes ahora me preguntaran -bueno, muy bien, pero
¿qué es la castración? Yo tendría que hacer uso de un saber
para decir qué es la castración, cuando justamente lo que
estoy tratando de plantear es que el saber allí se encuentra
en falla.
Si ustedes me dijeran -¿qué es la castración? ¡Decime!
Porque si con la castración aseguro esa relación ¡Fenómeno!
Pero justamente eso es lo que nos falta. Si partimos de
allí, puede ser que podamos tener una actitud en relación a
los niños, púberes, adolescentes que no sea patógena, que no
sea iatrogénica. Pero partir de ahí, es partir de los
problemas nuestros, no de los problemas de los chicos”.
“El problema no es meter la pata, el asunto es poder sacarla
después. Si podemos volver sobre las metidas de pata que
cometemos cuando educamos a nuestros hijos, cuando
analizamos o cuando damos una conferencia, si podemos volver
sobre eso ¡Ya está! ¿Qué más? Volveremos una vez y otra vez.
Porque no nos vamos a dejar de equivocar hasta el día en que
estemos muertos”.
Dos frases que recuerdan el ‘estilo fukelmaniano’,
como han tenido el acierto de nombrar, Paula y Miguel, a
esta forma singular de trasmitir.
Haber tenido la posibilidad de ser atravesados por
esta forma de trasmisión, sea en las “clases”, sea en el
análisis de control, es un privilegio que la vida nos
ofrece, más allá de haber podido compartir sus primeros
pasos… al ritmo de la música caribeña.Eva Gerace
Fuente:
http://psicoanalisisjuegoeinfancia.blogspot.com/2011/11/eva-gerace-comenta-conversaciones-con.html
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario de Verónica Diez
Durante
algunos años, Jorge Fukelman nos abrió generosamente las
puertas de su consultorio.
Allí íbamos a estudiar, supervisar, charlar o a
experimentar algunos de esos silencios incómodos que él
sabía bien escuchar y sostener.
Después de un tiempo de participar de esos encuentros,
nos dimos cuenta de que había que soltar cualquier
pretensión de atrapar aquello que allí se decía. Su
transmisión no consistía en repetir un saber de biblioteca,
no porque no lo poseyera, al contrario, contaba con una
nutrida selección de libros, a la que se sumaba su propia
elegancia intelectual. Pero no sólo se trataba de tener los
libros sino de encontrar en ellos eso mismo que él
encontraba, situación para nada evidente. Su transmisión no
pasaba por ecos de un saber establecido sino por un modo
original de leer.
Lectura de la teoría, de la clínica, de la época que daba
cuenta de un pensamiento en nombre propio. Una lectura que
abría puertas que de repente se cerraban. Como toda
experiencia de lo fugaz, que deja la sensación paradojal del
encuentro y la pérdida. El abría las puertas para ir a jugar
a su consultorio, pero también para que nos la jugáramos en
el nuestro.
Recuerdo que una vez nos encontramos casualmente en el
intervalo de un concierto de Keith Jarret. Su comentario
sobre la ejecución del artista fue que a él le gustaría
poder improvisar en su consultorio de la misma forma que
Jarret lo había hecho con su piano. Ciertamente, una
delicadeza que no faltaba en ninguna de las intervenciones
de Jorge: una combinatoria creativa y singular de elementos
mínimos que resonaban en quien los escuchaba.
Creo que no exageramos al afirmar que él sabía servirse
del lenguaje no para representar sino para transformar el
mundo, al menos el mundo de aquellos niñitos y no tanto, que
de un modo u otro, tuvimos la suerte de encontrarnos con él.
El libro que nos acercan Paula Gainza y Miguel Lares
tiene esa generosa característisca, la de abrirnos la puerta
a las conversaciones que mantuvieron con Jorge Fukelman en
el último año de su vida. Por eso, mi enorme agradecimiento
primero a Jorge, aunque él lamentablemente ya no esté para
recibirlo, y luego a Miguel y a Paula por habernos dejado
entrar a estas charlas que nos ofrecen la ocasión de hacer
“como si” pudiésemos estar un rato más con él.
V. D.
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario de Marcelo Izaguirre
En
general un libro se comienza a leer por el principio, aunque
es sabido que Macedonio Fernández tenía sus simpatías por el
lector salteado. El libro de las Conversaciones con
Jorge Fukelman, que llevaron adelante Paula M. de Gainza
y Miguel J. Lares, debe comenzar a leerse por el final, su
última página más precisamente, que ya no forma parte del
libro sino que opera como un paratexto, donde los autores
informan que el diálogo se había desarrollado entre enero y
octubre del año 2010 y que, luego de su revisión, Jorge
Fukelman había prestado su conformidad para que esas
conversaciones fueran otra cosa que unas “gratas tardes
charlando”. E informan, inmediatamente, que el interlocutor
falleció al mes de su asentimiento para la edición.
Acontecimiento que transformaría al libro en un documento
particular. Nacido del deseo,
deseo de un par de psicoanalistas de dejar por escrito las
palabras de un psicoanalista que se dedicó a formar a otros
psicoanalistas (varios), pero del que, curiosamente, aunque
sin duda por una elección suya, no abundan escritos (salvo
un par en la revista Conjetural y algunos pocos más
por otras publicaciones, que en general, fueron recogidas de
intervenciones orales suyas). Su predilección por la
transmisión oral lo equipara con Raúl Sciarreta, pero a
diferencia de él, Fukelman tenía una extensa práctica en el
ámbito del psicoanálisis.
La falta de predilección por la escritura quizás se debía a
algún acuerdo con aquel español que afirmaba, al responder a
un viejo adagio latino, que si bien es cierto que a las
palabras se las lleva el viento y lo escrito queda, se trata
de ver adónde es que se lleva el viento las palabras y dónde
es que lo escrito queda. Respondiendo a esa descripción,
estos dos “discípulos” de Fukelman han querido darle el
mejor destino a las palabras recogidas en el curso de una
enseñanza. Con un objetivo plenamente cumplido, donde no se
trata de una clase magistral del psicoanalista recogida por
el grabador, sino del intercambio dialéctico en el cual se
despliega un estilo coloquial en correspondencia con el
título.
Quien llegue distraído al encuentro de este libro puede
caer en el equívoco de que se tratará de una lectura veloz.
Para salir de él, rápidamente, encontrará que el trabajo de
los interlocutores de Fukelman no hace las cosas tan
sencillas. Los escolios, que tomaron forma al final de
algunos capítulos, nos hacen saber que allí se condensan, en
pocas páginas, multiplicidad de temas; que no sólo aluden a
algunos conceptos lacanianos o freudianos siempre complejos,
como la idea aquella de que el significante no es el sujeto,
apenas lo representa y que en esa representación,
justamente, desaparece; o, la función de pantalla del juego
para proteger del vacío. También recogen en una apretada
síntesis, que da cuenta de la complejidad, disertaciones
públicas del psicoanalista entre los años 1991 y 2007, sin
dejar de aludir a temas políticos y sociales que han tenido
su incidencia en nuestro país.
Uno de los capítulos, titulado psicoanálisis y transmisión,
es una muestra del estilo: comienza con un comentario de uno
de los autores, M. Lares, recorriendo diferentes momentos
del psicoanálisis vinculado con los grupos, y diferentes
instituciones (no hay que olvidar, acorde con lo afirmado
por Freud en Psicología de las masas, que no hay yo sin el
otro, por tanto, parafraseando, no hay psicoanálisis sin
instituciones). El entrevistador alude a las condiciones de
formación, el análisis personal, el corpus teórico y cierto
estilo artesanal ligado a la transmisión, para cuya
explicación recurre a un ejemplo que recuerda al que daba
Octave Mannoni: la teoría física explica como es posible que
se sostenga alguien en la bicicleta, pero no enseña a andar
en bicicleta. Tampoco, como es sabido, enseñarle a alguien
la teoría de los colores lo transforma en pintor. La
respuesta de Fukelman se dirige en esa orientación, en tanto
afirma que parte de la experiencia de advertir qué ha estado
haciendo en su práctica. Lo que no implica, e insiste en
ello, la enseñanza de un cuerpo teórico.
Otro capítulo, quizás uno de los más logrados desde la
perspectiva de la transmisión, es el tercero. Con el estilo
que evoca una clase amena, Fukelman afirma que la referencia
a la lógica es para dar cuenta de la relación entre una
proposición y la existencia de aquello a lo que la
proposición se refiere. Y, deja claro, que el uso que de
ella hacía Lacan era para sacarse de la cabeza la idea de
que los dichos en transferencia tengan como referencia el
“papá” o la “mamá” en el análisis. Aunque el análisis con
niños está presente en este capítulo, y atraviesa todo el
libro, si alguien supone que esas afirmaciones son
realizadas por su práctica con niños no dejara de
extraviarse. Pues ello significa que no debe caerse en esos
lugares comunes de encontrar el referente, sino de practicar
el análisis lógico de los dichos, lo que va a conducir a
tomar en cuenta el goce. O sea que de la lógica se pasa al
goce, y ello implica tener en cuenta el goce propio del
cuerpo vivo. Ponderar el tema en ese punto, implica la
puesta en acto de la diferencia con la “conversación
rortyana”. Para situar dicho goce, dirá Fukelman, Lacan
parte de los parámetros de privación, frustración,
castración. Y, en tal sentido, resulta interesante el modo
en que confronta un tema de la “última enseñanza” de Lacan
con los comienzos de la misma. Es lo que ocurre, también,
cuando alude a las experiencias que están realizando en
Estados Unidos en la cual ponen a manejar computadoras a
niños autistas en las cuales los chicos utilizan la tercera
persona. Lo que no han podido hacer, afirma, es tematizar
quién habla allí. Como es sabido, era la pregunta que
formulaba Lacan desde la presentación de su esquema lambda.
Y antes también, en su informe de Roma.
Otro tema de actualidad planteado en ese apartado es el de
las marcas, para lo que remite a la novela American
psycho, donde no sólo se trata de las marcas al estilo
de no-logo de Klein sino a las marcas en el cuerpo, lo que
no se debe dejar de lado –reitera- cuando se habla del
goce. Sobre el final del mismo insiste en sacar de la mente
del lector la idea de los personajes. Para ello, en el
análisis con niños, su práctica específica, recurre al
ejemplo del juego ya que este ilustra el modo en que se
ubica la niñez, y “los personajes de la realidad” serán un
resultado de lo que se juega en esos encuentros. Para
concluir de manera terminante: “Una vez que esos encuentros
están instalados, no se trata de que el papá o la mamá
condicionan el juego, sino más bien que el juego condiciona
a los personajes”. No podría hacerse una mejor
caracterización del poder constitutivo de un sujeto del
análisis, que pueda ir más allá de la familia.
Entiendo que estas Conversaciones adquieren una
importancia fundamental, desde ya, para los practicantes del
psicoanálisis con niños, pero también, como se dijo, para
aquellos interesados en la transmisión del psicoanálisis en
general, y en particular, en los detalles de la historia
del lacanismo en la Argentina. Ya que la “discreción” de
Fukelman, epíteto que usa Jorge Jinkis para hablar de su
amigo, y su reticencia a escribir, lo mantuvo siempre en un
segundo plano aunque su importancia no fue menor. Formado en
los inicios junto al Dr. Rolla, como todos los
psicoanalistas que entendían que la clínica no podía ser
pensada sino en relación con la cultura, tuvo un encuentro a
comienzos de los años sesenta con Enrique Pichon Rivière,
que lo conduciría, como a tantos otros allegados a éste, al
encuentro con Oscar Masotta y al estudio de la obra de
Jacques Lacan. Eso lo ubicó, entre otras consecuencias, como
el impulsor de la creación en el año 1972, de la primera
institución “lacaniana” para atender niños psicóticos, “El
lugar”, que luego sería la sede de la escuela fundada por
Masotta. Más allá de los resultados, que sirvieron para
poner de manifiesto cierta impotencia en los resultados, al
decir de alguno de sus acompañantes en esa experiencia, no
puede dejar de destacarse el gesto audaz del desafío que fue
la misma. También fue el impulsor, a partir de la cátedra de
Psicopatología de la Facultad de Psicología, de la
invitación a Oscar Masotta a presentar dos clases que luego
serían publicadas en los cuadernos Sigmund Freud. Había
comenzado, en los años sesenta, el estudio de Lacan con el
primer grupo que había iniciado las cosas; es decir, fue uno
de los impulsores de los primeros estudios lacanianos en la
Argentina. Se alude a la relevancia de esos actos en estas
conversaciones, aunque sin demasiados detalles, seguramente
por la discreción mencionada. Fukelman da datos de su
formación e indica las razones por las cuales no acompañó,
con su firma, la fundación de la Escuela fundada por Masotta
en el año 1974. Refiere su papel en la institución para la
atención de los niños, y su incorporación al estudio de
aquel primer grupo (del cual perduraría su amistad con Jorge
Jinkis y algunos otros), sin aludir a la cantidad de
psicoanalistas deudores de su enseñanza.
Hay que dejar claro, de todas maneras, que la reticencia y
discreción de Fukelman no implican debilidad alguna, como lo
demuestran las afirmaciones finales de las conversaciones,
donde deja una afirmación contundente, en línea con la
crítica de Freud al furor sanandi de Sandor Ferenczi
o la crítica de Lacan a los “psicólogos del yo” en la
Dirección de la Cura, que deviene en lo incurable.
Afirmaciones a las que no faltaran quienes se apresuren a
salirle al cruce, desde cualquiera de las posiciones
mencionadas o, desde el siempre infaltable buen sentido
“samaritano”: “no se puede decir que el psicoanálisis sirve
para aliviar el sufrimiento. Podrá servir, en todo caso,
para situarse de otro modo, para que se sufra de otra
manera, para que se tome nota de que allí, donde se sufre,
sucede algo más…”. Los tres puntos que dejan como final
del libro los autores es, seguramente, el intento de mostrar
el estilo de enseñanza y transmisión de Fukelman, o sea, que
cada lector o, para ser más precisos cada analizante, de
cuenta de ese algo más que sucede con el sufrimiento a
partir de su análisis.
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EL TRAPECISTA.
Fernando Araújo (Planeta 2008 – 3° edición)
Comentario de Eva Gerace
“El
trapecista” de Frenando Araújo. Uno, dos, tres trayectos en
avión, alcanzaron para leer este robusto libro, para
constatar los daños que ocasiona un secuestro. De Cartagena
a Buenos Aires, luego a Roma, este libro me hizo tocar con
la mano los estragos de una retensión forzada.
Fernando Araújo Ingeniero civil, empresario, secuestrado en
diciembre del 2000, en Cartagena de Indias, quería seguir
estudiando, le interesaba la genética, “una de las
ciencias del futuro”; ya había leído “sobre el
proyecto para descifrar el ADN”.
Se había casado por segunda vez hacía siete meses. Su amor
hacía Mónica, la relación con sus cuatro hijos, su trabajo,
su curiosidad, sus ganas de aprender le daban fuerza para
mirar hacia el futuro con cierto optimismo. Y fue
secuestrado.
No podemos sostener un análisis fuera de la subjetividad de
la época, nos indicó Jacques Lacan. Los guerrilleros de la
FARC representan algo de nuestra época donde un discurso
“Amo”, patrón del otro, deja fuera cualquier posibilidad de
sostener las diferencias, es más, no deja inscribir un
límite que posibilite respetar al sujeto. Todo es posible,
todo vale, hasta apropiarse de la vida del otro.
El autor nos cuenta sus desesperaciones, sus angustias, sus
noches de insomnio, la violencia del control absoluto al
cual estaba sometido, pasivamente. Si bien, a lo largo del
libro, y a pesar de momentos de grandes dudas, hubo algo de
lo cual el otro, en este caso los miembros de la FARC, nunca
pudo apoderarse: de sus pensamientos, de su constante
búsqueda de la libertad.
Despojado de sus afectos, de su intimidad, de su lugar en el
mundo, sea este imaginario o simbólico, lo real de lo que
estaba viviendo se le tornó insoportable.
Estos fragmentos del diario de un secuestro, que duró seis
años, muestran como a Fernando le sustrajeron un tiempo de
su vida, llevándolo a recorrer montes casi inaccesibles,
incomunicado con el resto del mundo, por un largo período.
Los cambios constantes de lugar, van de la mano con los
cambios de humor. Lo que casi nunca perdió es la lucidez
para reflexionar, también, sobre las excusas, que la
guerrilla sostiene para poder delinquir: “ayudar a los más
necesitados”.
Tal vez podríamos entender, con este texto, cómo el
secuestro pasa a encubrir una forma de “capitalismo”; un
negocio bien organizado para apropiarse del dinero del otro,
traficar con armas y drogas o, dándole un sentido
“político”: intercambiar guerrilleros presos por rehenes.
Hemos aprendido que estos grupos armados funcionan como una
industria, con sus códigos y organizaciones, donde el
sujeto, sus afectos, pierden todo valor. Queda segregado.
Las FARC, sosteniendo un discurso patrón, determinan quiénes
forman parte de esa colectivización, y quiénes quedan
afuera. Siempre con las reglas que ellos imponen.
En este libro se denuncia a un grupo armado, que como
cualquier otro “grupo” armado, con su accionar, no solo
ataca a una persona, a su familia, sino que arremete contra
toda una sociedad.
El autor nos fue narrando su constante miedo a no volver, a
la muerte. Cuando es amenazado, cuando no lo es o cuando los
helicópteros del ejército pueden atacarlos, es decir, en el
intento de liberarlo, también podría morir… tanto por un
miembro de la FARC como a consecuencia de los ataques
militares. Ejecutores de lo siniestro, pueden hablar por TV,
por los medios en general, esgrimiendo doctrinas y
argumentos que intentan legalizar lo ilegalizable.
“…los guerrilleros de las FARC cometían uno de los crímenes
más atroces de la historia reciente de Colombia (…) Este
asesinato me afectó profundamente. Me sentía muy cerca de
todos los secuestrados, en especial de los que formaban
parte de la lista de canjeables, como nos llamaban las FARC.
Había escuchado muchos mensajes que sus familiares les
enviaban por la radio y sentía que eran parte de mi propia
familia. Una vez más, las FARC mostraban su crueldad sin
límites”.
El dolor, la pérdida que significó no haber podido acompañar
a cada uno de sus hijos en las etapas fundamentales de su
crecimiento, de la pérdida progresiva del amor de Mónica
hacia él, de cómo no pudo avanzar en sus estudios, son un
duro documento de esta época, donde cualquier grupo “armado”
se adueña del personaje que le conviene e intenta cancelar
su subjetividad. Como objeto a merced del goce del otro, el
narrador los describe con múltiples ejemplos, los que pudo
recordar de sus largos años de cautiverio, mostrando con una
descripción puntillosa, cómo estos grupos armados ejercen un
control físico y moral sobre el secuestrado.
Lo cual me hizo recordar “El Panóptico” de Jeremías Bentham,
cuando intenta demostrar como en algunos lugares, “se
afinan estrategias totalitarias que se extenderán por todo
el campo social”. Recordemos que el modelo del
panóptico,
un edificio construido de modo que toda su parte interior se
pueda ver desde un solo punto, es “una maquinaria exacta
y permanente de poder”. “En su lógica se inscribe la
actual reforma penitenciaria, el nuevo código penal, el
cambio de imagen de la policía, los crímenes innumerables de
la paz”… podríamos agregar… como las FARC, y, además,
cómo muchos ideales de sociedades llamadas democráticas, que
se basan en este proyecto político de control del individuo
con el “Ojo del Poder”, diría Michel Foucault.
Vigilancias con vídeo-cámaras, maniobras, registros, rangos,
sometimiento de los cuerpos, dominación de las
multiplicidades humanas, manipulación de sus fuerzas, ¿no
son una forma de vigilar y ejerce un control sobre el otro?
(“Vigilar y Castigar” – Michel Foucault). Una mirada que
vigila constantemente, el secuestrado está sometido a
situaciones límites. Relatos de ejecuciones, no solo de
políticos, de gente de los pueblos, de lo externo… sino
también de miembros del grupo clandestino, que intentan
escapar de esa vida. El “canalla” hace parte de estas
catervas.
Desde hace tiempo se viene hablando de la declinación del
Nombre del Padre. Fukelman (“Conversaciones con Jorge
Fukelman. Psicoanálisis: juego e infancia”. Paula de Gainza
– Miguel Lares) nos dice que: “Más bien, parecería
tratarse de la declinación de los artefactos simbólicos que
permiten que alguien pueda “dirigirse a”. Hablo de lo que
puede encontrar cualquiera de nosotros frente a un
inconveniente. Por ejemplo, voy a un hospital y no me
atienden, o me dan un turno para dentro de cinco meses;
entonces, ¿a quién me dirijo?, ¿dónde puedo decir: esto así
no marcha? Lo que ocurre allí es que no tenemos los aparatos
simbólicos que podrían permitir apelar a alguna instancia
que tome en cuenta esto; por lo tanto, la solución sería
dirigirse a la televisión o a cualquiera de los medios
masivos de comunicación”. Y, ¿cuándo se secuestra?
¿Cuándo lo que se busca es lucrar con la vida ajena?
Lacan dice: “Jugar al padre o lo peor”, lo cual nos
invita a elegir, ¿qué sostenemos, al discurso “Amo” o a lo
que causa nuestro deseo?
Fernando Araújo comienza el libro hablando de Mónica, su
segunda esposa, y lo finaliza con una pregunta que le hizo
Ruby, la primera. Entremedio una historia de un secuestro.
En el capítulo 26, “El psicoanálisis en mi vida”, habla de
un recorrido, iniciado, por indicación materna: “Mi mamá
me invitó a considerar el psicoanálisis como una experiencia
que me permitiría un mejor conocimiento de mí mismo y que
facilitaría mi propio crecimiento”. “Para que además mires
el mundo desde una perspectiva más humanista que complemente
tu visión y compromiso con la tecnología”. “Me gustó la
sugerencia y durante muchos años encontré en el
psicoanálisis una herramienta invaluable para mejorar mi
realidad interna. Aprendí a enfrentar mis angustias, a
superar mis temores, a entender el control de mi
inconsciente sobre mis sentimientos y a interpretar sus
manifestaciones a través de mis sueños, entre otras
expresiones. Recuerdo el impacto que me produjo, cuando
comencé mi análisis, el hecho de que en el lenguaje
inconsciente se encuentren cifradas más cosas que en el
mensaje manifiesto o consciente. Eso me fascinó. Recuerdo
cómo personajes significativos en mi historia aparecían en
palabras que lo contenían. Que el lenguaje pudiera contener
mi historia, mis deseos y mi intimidad, me tenía más que
asombrado”.
Así supimos cómo había orden de matarlo si intentaba
escapar o alguien intentaba rescatarlo. Lo necesitaban vivo,
no porque la vida tuviese valor, sino porque el valor está
puesto en el ganar dinero como sea, a cualquier precio. Por
otro lado, los guerrilleros habían explotado los
sentimientos de la familia, con angustias y presionando,
querían imponer una negociación fraudulenta, no sabían que
había un padre que no negocia con milicias siniestras, lo
que posibilitó, después del tortuoso camino del prolongado
cautiverio, que el hijo, estudiando estrategias,
reflexionándolas, pudiese escapar y alcanzar la tan deseada
libertad.
Tejer con palabras sobre las heridas, produce un efecto de
reparación, tal vez la palabra puede cumplir su función si,
como muestra Fernando Araújo, se puede analizar,
reflexionar, en un tiempo, el necesario ¿y por qué no? con
un nuevo amor…
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario
Lidia Alazraqui
Me referiré, como lectora del libro “Conversaciones con
Jorge Fukelman” realizado por Paula M. de Gainza y Miguel
Jorge Lares a este como un encuentro entre tres que produce
un despliegue a partir de algunas líneas temáticas, que a su
vez son un comienzo renovado para cada lector. Esto porque
no encontramos en él axiomas ni cierres apresurados. En las
preguntas, que a veces son condensadas exposiciones, se
despliega un saber pertinente para cernir los conceptos
necesarios para la interlocución, acerca de la teoría y la
clínica. Lo que en el libro aparece formalmente como
respuestas de Jorge Fukelman, son a su vez aperturas que
dejan entrever el espacio complejo y singularizado de una
práctica que cuenta con una teoría. Con un punto de partida:
el propio análisis, cuyos efectos no cesan, retomados en
todas las actividades inherentes a una formación, que
tampoco parece cesar cuando ese analista es a su vez
abordado como productor de transmisión del psicoanálisis.
Es de agradecer, cuando a menudo nos vemos sumergidos en
textos que sostienen la función de la falta pero no la vemos
circular sino como suprimida, ahogada en saberes.
Paula de Gainza nos propone considerar la “repetición
dogmática de saberes como anuncio de la muerte del
psicoanálisis” que entiendo como un reclamo de transmisión a
través de un analista atravesado por su propio inconciente y
por el concepto de inconciente.
Otra repuesta posible, desligarse del soporte teórico y
extender el campo de lo inefable es un poderoso sostén para
las políticas que gestan los manuales que coagulan los
criterios de diagnóstico y estadística, los DSM
actualizados. Ofreciendo, ante las vacilaciones propias de
la hiancia entre saber y verdad donde el psicoanálisis
circula y produce, las seguridades de un positivismo
amparado en postulados científicos, alejados, sin embargo,
de todo pensamiento científico.
ALGUNOS PUNTOS:
Transmisión: Enseñanza y transmisión
Enseñanza: se trata de conceptos enunciados, el cuerpo
teórico puede ser enunciado. Lacan habla de la estructura
del análisis que puede ser enteramente accesible a la
comunidad científica, Freud así la constituyó.
En cuanto a la transmisión, hace falta un psicoanalista,
hablar desde un análisis. Fukelman propone que los efectos
que a veces aparecen en un análisis dependen en gran medida
de lo que falta en una práctica, de lo que quizá no puede
ser pensado, pero sí articulado. Lacan se refiere a esto y
lo llama condición del análisis, dice que “el
verdadero trabajo en él está escondido” por naturaleza.
Fukelman vincula la presencia del analista con la
mostración, pero el otro soporte, dado por el cuerpo
teórico, tiene el poder de permitir un trabajo sobre una
base estructural. No podría renunciarse a ninguno de ambos.
Cuando Fukelman nos recuerda la postura de Freud, en el
“Malestar en la Cultura”, donde ubica al psicoanálisis y a
la droga como salidas para el malestar, sin optar ni
recomendar uno u otro, recuerda al Freud sumergido en los
callejones de la reacción terapéutica negativa y aún así
diciendo que el analista no debe ceder a su inclinación a
conseguir el bien del paciente, sino que está ahí para hacer
hablar algo en el sujeto. Terreno ético del psicoanálisis,
que marca tanto sus obstáculos como sus atravesamientos.
El relativo al juego es un capítulo central del libro, que
concierne a todos: niños, padres, analistas. Miguel Lares lo
hace arrancar a través de plantear el síntoma en el niño. La
respuesta pone de relieve y de entrada, el juego, el
síntoma, ligado a lo reprimido de los padres en el cuerpo
del niño, pero no solo eso sino una condición: que no pueda
jugar con eso. Allí se hace referencia a Pascal Quignard, a
la música en el campo de concentración que este menciona en
su libro “El odio a la música”. En ese momento habla de
escuchar ritmos y cadencias, todo aquello que no puede estar
significado pero puede escucharse, aun con la dificultad que
supone el concepto de lalangue lacaniana, en ese cruce que
reúne el goce y lo imposible de decir.
El niño demanda jugar, y ese juego debe ser sancionado por
alguien como tal.
En el capítulo sobre Historicidad y estructura las preguntas
se orientan hacia el tema de la declinación del padre.
Fukelman se inclina a considerar más bien la declinación de
los aparatos simbólicos que permiten que un sujeto pueda
dirigirse a alguien cuando una demanda se instala. Aquí nos
encontramos con algo que tiene que ver con lo público y lo
privado, que es abordado en el campo del psicoanálisis,
fuera de conceptos sociológicos pero no fuera de tomar en
cuenta la presión y los efectos de las instancias sociales.
La ciencia y el capitalismo, en sí mismos sostienen sistemas
delirantes, adaptados a la realidad de las cosas que
suceden, o sea, aparentemente cuerdos.
Los tres interlocutores presentes en este libro parecen
compartir el criterio de que, como psicoanalistas, no están
exentos sino comprometidos a poner, como se pueda, el
psicoanálisis como instrumento para atender los
requerimientos que para un sujeto representa el estar
expuestos al cruce entre la gran historia y la pequeña
historia. En este sentido van las preguntas y las
respuestas. Por eso desfilan allí tanto los fenómenos del
nazismo como la última dictadura que soportó nuestro país.
Esto tiene que ver también con la declinación de los
aparatos simbólicos, que trae aparejado el surgimiento
creciente de ofertas para que esta falla sea rellenada con
la desaparición del síntoma por vías medicamentosas y/o la
de proporcionar toda clase de objetos que se espera sirvan
para el mismo fin, con el despliegue tecnológico
correspondiente.
Termino con una referencia al sentido común, que se nos
reclama con frecuencia. No cito a un psicoanalista sino a un
escritor, John Berger: en su libro “Un hombre Afortunado”,
presenta a un médico de pueblo en su relación con la gente
del lugar. Estos dependen del sentido común, este médico no.
“Se suele creer que el sentido común es práctico, pero solo
a corto plazo. A largo plazo es pasivo, porque está basado
en la visión periclitada de lo posible. Cuando sus
proposiciones devienen tradicionales adquieren la misteriosa
autoridad de los oráculos, de ahí el fuerte elemento de
superstición presente en el sentido común práctico”.
“El sentido común es la ideología doméstica de aquellos a
quienes se ha mantenido en la ignorancia, fuera de
enseñanzas fundamentales. El sentido común no aprende, pues
en cuanto se corrige la carencia de estas enseñanzas su
función termina por desaparecer”.
La idea que me ha transmitido este libro de Paula de Gainza
y Miguel Leres, con la humildad de poner de relieve una voz
que ellos autorizan al reconocerla y transmitirla, es la de
la relativa libertad que tiene un lector para continuar el
texto, si así lo desea, y como psicoanalista, me ha alegrado
encontrar a otros que siguen en la brecha.
Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011
Más información:
http://www.facebook.com/pages/Conversaciones-con-Jorge-Fukelman-Psicoan%C3%A1lisis-Juego-e-Infancia/260334663998737?sk=wall
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario
Paula M. de Gainza
Buenas
tardes, vamos a dar comienzo a la presentación del libro
”Conversaciones con Jorge Fukelman. Psicoanálisis: juego e
infancia”, dándoles la bienvenida y agradeciendo presencia
de todos ustedes.
Miguel Lares y quien les habla, Paula de Gainza, agradecemos
a las autoridades de la Biblioteca Nacional por brindarnos
este distinguido espacio.
La publicación de este libro ha sido posible gracias al
Grupo Editorial Lumen. Nuestro agradecimiento a los
directivos de Lumen; fundamentalmente a Ana María Makar,
nuestra interlocutora en la editorial, por la cálida y seria
recepción del proyecto.
Agradecemos a Violeta de Gainza y a Susana Kesselman, el
haber aceptado y dado lugar a este libro dentro de la
colección que dirigen, la colección “Cuerpo, arte, salud”. Y
un especial agradecimiento a Violeta, por sus generosos
aportes y sugerencias.
Sobre el final del trabajo de escritura, tuvimos la
oportunidad de conocer a Jorge Bouzas, quien se encargó en
la Editorial, del trabajo de armado y corrección del texto,
a quien queremos expresar nuestra gratitud por su
disposición y colaboración en el intenso contrapunto previo
al proceso de impresión del libro.
Un especial, cálido y afectuoso agradecimiento a Elena
Roberto, a quien tuvimos el enorme gusto de conocer y de
quien nos llegaban -a través de Jorge- sus comentarios
entusiastas sobre el trabajo, mientras lo estábamos
realizando.
Desde el inicio, este acontecimiento había sido imaginado de
otro modo… Hoy celebramos haber conocido y contactado con la
calidad personal de Jorge Fukelman, haber transitado con él
muchos años de estudio y reflexión y haber tenido el
privilegio de concretar este trabajo que plasma algo del
legado de quien consideramos un extraordinario maestro. Sin
duda, las elaboraciones de Fukelman han marcado la práctica
analítica con niños en nuestro medio, de un modo
contundente.
Para referirnos a la obra que hoy nos convoca contamos con
la presencia de dos invitadas dedicadas al psicoanálisis:
Marina di Carlo y Lidia Alazraqui.
La licenciada Marina de Carlo forma parte del grupo de
colegas que desde hace muchos años estaba estrechamente
ligado a la reflexión de Jorge Fukelman. Además, sabemos
sobre el amistoso y periódico diálogo que durante mucho
tiempo, Marina ha mantenido con Jorge alrededor del campo de
la literatura.
La convocatoria a la Dra.Lidia Alazraqui respondió a la
expectativa de una lectura crítica por parte de una analista
de destacada trayectoria .Lidia no ha estado directamente
vinculada a la transmisión de Jorge Fukelman, ella ha
desarrollado durante 20 años su labor analítica en Madrid,
donde dirigió la institución CEPIP. Actualmente, en
Argentina, forma parte del comité de redacción de la
publicación titulada “Psicoanalítica”, por nombrar algunas
de sus actividades vinculadas al psicoanálisis. En lo
personal, una inmensa gratitud por contar hoy con su
participación.
Podemos fechar el nacimiento de este libro hacia fines del
año 2009, a partir de una ocurrencia que tomó forma tras el
asentimiento de Jorge:”…la propuesta resulta tentadora”, nos
dijo cuando fuimos a contarle nuestra idea. Tal como lo
referimos en el prólogo, expresó: “Podemos conversar, y
si lo que conversamos resulta interesante, consideraremos la
publicación; si no, habremos pasado unas gratas tardes
charlando.”
Nuestro propósito tenía que ver con registrar y establecer
por escrito lo que era su forma de pensar y trasmitir el
psicoanálisis: habitualmente comunicaciones orales en las
que Jorge ponía en acto sus reflexiones. El doctor Fukelman
jamás daba clases magistrales. Lo que él planteaba tenía el
rasgo de estar siempre en construcción. Había que seguirlo
en una serie de asociaciones que nada tenían que ver con un
saber acabado y terminado. Por otra parte, con su singular
disposición a escuchar, habilitaba y tomaba cada pregunta
con un enorme respeto.
Y así fue, que el marco de un clima cordial, distendido pero
profundamente serio –propio de su estilo-transcurrieron los
encuentros en su consultorio. Fueron una decena de
reuniones entre enero y octubre del año pasado. Miguel y yo
propusimos los temas centrales y luego nos dejamos llevar
por lo que fue surgiendo en el discurrir de las charlas. Con
entusiasmo fuimos atravesando esta experiencia de las
conversaciones, una experiencia transitada sin promesas
respecto de los resultados.
El libro incluye y respeta la
totalidad del contenido de las charlas en su exacto orden de
desarrollo. Hemos hecho una fuerte corrección de estilo en
la que el mayor empeño fue reflejar en la escritura el modo
de transmisión de Fukelman.
Encontrarán en el pie de las páginas, las referencias que
hemos considerado adecuadas para aportar caminos de búsqueda
sobre algunos conceptos psicoanalíticos, referencias que
además dan cuenta de los fundamentos de un lector
incansable.
Con la anuencia de Jorge, al final de varios capítulos
agregamos una serie de comentarios, en forma de escolios,
que anudan ciertos temas tratados en el apartado. Para la
confección de los escolios realizamos una búsqueda en todas
las disertaciones públicas que tuvimos a nuestro alcance
desarrolladas entre los años 1991 y 2007 y representan, así
como la obra toda, un intento de acercar la transmisión del
Dr. Fukelman a la escritura.
Para finalizar quiero comentar algo respecto de la tapa del
libro. El día 20 de octubre de año pasado realizamos el
último encuentro, y entonces, decidimos tomar algunas fotos.
Cuando estábamos ubicando la cámara, para sacar una
automática, Jorge dijo:”esperen, quiero que en la foto salga
este cuadro que a mí me gusta mucho”. Era “El bibliotecario”
de Arcimboldo, que -en honor a esta anécdota-fue elegido por
nosotros para ilustrar la tapa del libro.
Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011
Más información:
http://www.facebook.com/pages/Conversaciones-con-Jorge-Fukelman-Psicoan%C3%A1lisis-Juego-e-Infancia/260334663998737?sk=wall
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario
Marina di Carlo
Voy
a leerles una cita que menciona Jorge en el libro
“Conversaciones”.
“Los
antiguos decían que había una manera de hablar que era como
si se estuviera viendo algo y haciéndolo ver a quienes
estaban escuchando. Esta manera de hablar era estrictamente
el entusiasmo.”
Hace un tiempo le comenté a Jorge que estaba leyendo con un
grupo de colegas una charla que en alguna oportunidad él
había dado en el Hospital Español.
Le comento entonces, como para tenerlo al tanto, sobre el
punteo que estaba haciendo de esa lectura.
Después de escucharme atentamente, se quedó un momento en
silencio y luego dijo: “Creo que hay ahí un entusiasmo que
no recuerdo que haya estado en lo que yo dije”.
Este era el efecto que Jorge producía a quienes estudiamos
con él, un entusiasmo con el psicoanálisis, con su estudio y
lectura.
A tal punto que dos psicoanalistas, Paula de Gainza y Miguel
Lares, se proponen y le proponen hablar de psicoanálisis.
En estas conversaciones uno puede encontrar dos entusiasmos.
El primero es el que Jorge genera a través de sus
articulaciones.
Estas articulaciones son su marca: el juego y la infancia,
el retorno de lo reprimido de los padres, el síntoma y el
acting-out, el juego y el lenguaje, el fenómeno histórico,
la tercera generación y la lengua, dictadura, Malvinas,
Latinoamérica, transnacionales, globalización, medicación.
También aquí están los autores con los que él pensaba.
Aquellos que uno mismo luego se sentía impulsado a leer.
Además de Freud y Lacan: Perec, Agamben, Aries, Quignard.
El otro entusiasmo del que quería hablarles, lo resumiría en
el modo clásico con el que Jorge formulaba la entrada al
juego “Dale que yo era…”.
Y aquí retomo las palabras del principio:
“Los antiguos decían que había una manera de hablar que era
como si se estuviera viendo algo y haciéndolo ver a quienes
estaban escuchando. Esta manera de hablar era estrictamente
el entusiasmo.”
Y allí están sus intervenciones, esas veces en que es o hace
de analista, no siempre…
Entonces le dije:” Yo tengo un libro, “El castigo en la
ciudad” que describe los castigos a personas que no se
portaban bien, al estilo de la edad media…”
“Y el monstruo ¿Va a entrar por la ventana o por la puerta?”
Y el pibe contesta:” Va a entrar por la puerta.”
O
ante las palabras de un padre:” mi hijo grita”. Jorge
interviene: “¿grita o les grita?”
En todo momento esta lectura tiene el tono de una
conversación y esto me recuerda a Deleuze.
Deleuze daba unas clases sobre Spinoza. En un momento en el
que uno de sus oyentes hace un comentario sobre el filósofo
holandés, él le dice a su auditorio que no parece que
Spinoza les hable al oído.
Y agrega que a él Platón no le habla al oído pero sí lo hace
Spinoza y agrega que es muy importante encontrar los
filósofos que nos hablen al oído.
Bueno, creo que la lectura de “Conversaciones con Jorge
Fukelman. Psicoanálisis: Juego e Infancia” nos da la
oportunidad de sentir que nos hablan al oído.
Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011
Más información:
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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E
INFANCIA (LUMEN 2011)
Comentario
Miguel J. Lares
Hace
unos años se publicó una obra dedicada a la historia de los
psicoanalistas de niños. Jorge Fuekalman escribió unas pocas
pero cálidas palabras sobre esa publicación. Refiriéndose a
dos personas que la autora rescataba en esa historia,
Fukelman usó la expresión “injustamente relegadas”.
En uno de los últimos capítulos del libro Jorge comenta
respecto de su recorrido como psicoanalista. En los primeros
años de los ’70 él y Elena Roberto eran docentes en la
carrera de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.
El Dr. Fukelman estuvo al frente de la cátedra de
Psicopatología de esa carrera y fue desde allí que tuvo la
iniciativa y la decisión de invitar a un personaje
íntimamente asociado a la introducción de la enseñanza de
Jacques Lacan en Argentina. Ese personaje era Oscar Masotta.
Sobre esto Jorge nos comunicó algo que siempre le había
llamado la atención: Las clases que Masotta dio en la UBA,
en su cátedra, se reprodujeron a lo largo del tiempo a
través de distintas publicaciones psicoanalíticas, omitiendo
sistemáticamente la mención del responsable de esa
invitación así como del lugar donde se habían llevado a cabo
las disertaciones.
Con gran satisfacción hemos comprobado que nuestro amigo
Marcelo Izaguirre subsanó esas omisiones, y eso lo llevó
cabo tanto en su obra “Jacques Lacan, el anclaje de su
enseñanza en la Argentina” (de esto alcanzamos a ponerlo
al tanto a Jorge a fines del 2009) y luego, de manera
definitiva, en el prólogo que recientemente escribiera para
la reedición de “Ensayos Lacanianos” de Oscar Masotta.
De ese prólogo de Marcelo, extraigo esta cita:
“Becario de la
Universidad de
Buenos Aires en los años sesenta y expulsado por el gobierno
de facto de 1966, Masotta retornará a ella en 1972. Masotta
dicta dos clases en la cátedra de Psicopatología de la uba,
aquí publicadas bajo el título “Edipo, castración,
perversión” (p. xxx). Jorge Fukelman, responsable de la
invitación, afirmó que aquella clase contó con una cantidad
inusual de alumnos y oyentes, y fue el único cambio que en
esa época –fines de 1972 y principios de 1973– no se
promovió en las aulas de Psicología invocando a Marx o Mao
sino a Freud y Lacan.”
Como ya ha dejado entrever Paula en su comentario respecto a
la labor en los grupos de estudio: no era sencillo compartir
horas de reflexión con Fukelman.
Algunos de los colegas que están hoy presentes pueden dar
testimonio de eso. En un estilo que estaba siempre en una
relación de exclusión con lo académico, era palpable el
malestar inherente a nuestra práctica. Jorge no le
gambeteaba a la dificultad, esto también era así para los
que formábamos parte de ese proceso de transmisión con él.
Los efectos de ese estilo eran palpables: gente que se iba
raudamente porque les resultaba insoportable, como nos
consta que ocurrió con muchos de los que pasaron por los
grupos, o bien para quienes se quedaban, la estimulación del
deseo de arreglárselas con las propias dificultades y el
renovado interés que resultaba de eso.
Eso lo pueden atestiguar varias generaciones de analistas
que con esa impronta han realizado y realizan importantes
contribuciones en el campo del psicoanálisis aplicado a la
infancia.
El Dr. Fukelman se dedicaba al psicoanálisis. “Dedicado al
psicoanálisis” es la expresión que él mismo solía elegir
para ser presentado y esta dedicación al psicoanálisis
resultaba, según sus propias palabras, de la encrucijada
entre el análisis personal, la práctica clínica y sus
lecturas.
A mí me gusta pensar que este libro tiene mucho que ver con
la música. Violeta Gainza, personaje clave en este proyecto,
viene de la música, de una vida dedicada a la música y de un
recorrido prominente en ese campo.
Y por extraño que pueda sonar fue en términos musicales que
le planteamos a Jorge esta invitación.
Le dijimos: vamos a encargarnos de inscribir cada
conversación imaginando que es el registro de música en una
primera toma. Toma 1 que contiene una intención que ya
no se repite en la sucesivas tomas. Pero como primera toma
amerita luego un ordenamiento, plantea ciertas
posibilidades, impone algunas obligaciones.
Casi como si le hubiéramos dicho: “Jorge: vas a grabar un
disco y nosotros nos vamos a encargar de escribirlo.”
Los lectores especializados, sobre todo los que
han estado bajo la égida de la transmisión de Jorge, sabrán
juzgar el espíritu de esa labor de escritura que con Paula
hemos llevado a cabo.
Y justamente, quizás en una evidencia de cómo el
maestro escuchaba, en el primer capítulo de
“Conversaciones”, la primera intervención de Jorge es una
referencia sobre la cantante María Bethania y un particular
enlace entre la música y el perfume.
Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011
Más información:
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EDUCAR PARA CRECER
(FunSaRe 2010)
Comentario de Eva Gerace
La
Fundación para la Salud Reproductiva FunSaRe, como
respuesta al establecimiento de la obligatoriedad de la
educación sexual en nuestro país y en su compromiso con el
tema, ha decidido participar activamente en este tópico,
encomendando a especialistas la elaboración de una colección
de libros para padres y docentes y cuentos para niños y
adolescentes.
Es verdad que existe una amplia literatura referida a la
educación sexual y la mayoría habla de anatomía, de
anticoncepción, de E.T.S., de SIDA, etc. En la colección
Educar para Crecer se habla, además, sobre las
herramientas que se puede ofrecer a los niños, así como a
los padres y a los docentes, con el fin de poder educar con
tranquilidad, reconocimiento y respeto para formar a las
generaciones venideras y que no les tiemble la voz cuando
surja la necesidad de hablar de sexo con sus hijos.
En la búsqueda de relacionar la educación con la salud, se
trabaja en la integración de lo individual en lo social ya
que, cuanto antes comencemos a ocuparnos de los niños, más
significativa será su inclusión en lo social. Por ello hemos
pensado este trabajo con los contenidos que están en
relación a los parámetros requeridos por la Constitución
Nacional, la Constitución Porteña y las normas establecidas
por la Ley Nacional de Salud Reproductiva.
Es una obra que apunta a la prevención de los problemas que
más nos preocupan hoy, tanto a gobernantes, padres y
educadores, como a todos aquellos que trabajamos en salud:
las adicciones, los disturbios de la alimentación, los
embarazos no deseados de los adolescentes, en fin,
dificultades, que actualmente se han incrementado.
Conflictos en la relación padres-hijos donde es común
aceptar que los niños sean los que comandan… los adultos han
pedido fuerza y tranquilidad para afrontar la difícil tarea
de educar. Situaciones que se reflejan también en la
escuela. Así es que proponemos algunas herramientas para ir
a la raíz de estas dificultades.
Si los padres y educadores lograran transmitirles,
enseñarles a los niños, desde que son muy pequeños, que hay
cosas que se pueden hacer y otras que no, tendrían más
posibilidades, esos niños y jóvenes, de vivir mejor pudiendo
sostener su deseo. El adulto debe aprender a reconocer al
niño como sujeto, enfatizando la importancia del respeto y
la verdad.
Establecer un orden, marcar las diferencias y ayudar a
sostener el deseo, es la verdadera esencia de la educación.
Aceptar las diferencias y sostener el deseo nos humaniza.
Además nos posibilita vivir en libertad, liberados de
cualquier elemento que ocupe el lugar de “opresor”: persona,
droga o cualquier otra adicción. Los adultos, tanto padres
como docentes, deben enseñar respetando “siempre” al niño y
al joven.
Al mismo tiempo, la intención de la colección de cuentos, es
aportar diferentes historias para que los niños puedan
apreciar las dificultades que se presentan en cada período
de la vida. Historias cotidianas, ilustradas, donde los
protagonistas son los niños con sus preguntas e inquietudes,
que aparecen en cada etapa de su crecimiento, buscando
ayudarlos, brindarles respuestas y posibles actitudes para
evitar “heridas” que a veces resultan muy difíciles de
cicatrizar. De esta manera, se estarán previniendo las
experiencias más dolorosas de la niñez y de la adolescencia,
que dejan “marcas” indelebles en el cuerpo y el psiquismo y
conducen a profundos sufrimientos, no sólo durante esos
preciosos años sino, además, durante la vida futura.
El diálogo profundo con los niños, basado en la comprensión,
se puede establecer y sostener cuando hay disponibilidad y
“espacio” en los padres y en los educadores. Esto nos
posibilita pensar una educación real, activa, en lugar de
“amaestrarlos” como seres pasivos.
No existe la posibilidad de una verdadera libertad y salud
psico-física si no se hace un trabajo de fondo en la
educación sexual desde muy pequeños. Tanto padres como
educadores deben ayudar al niño frente a sus primeras
curiosidades sexuales, sin falsear ni faltar a la verdad y
con los límites que impone el orden, para permitir su
crecimiento intelectual y afectivo. En el verdadero sentido
de la educación: brindarles seguridad y confianza,
que es lo más precioso que deberán recibir los niños y que
necesitan para crecer, para hacerse hombres y mujeres
libres.
No hay recetas universales preestablecidas. El desarrollo
infantil procede en etapas que podrían llamarse comunes,
pero cada niño las afronta con sus propios recursos, con los
elementos que cada uno de ellos posee. Ellos llegan
comunicando signos y se trata de ayudarlos a que puedan
descifrarlos.
Siguiendo los ejes temáticos planteados, trabajamos sobre el
reconocimiento, la construcción de la identidad y la
valoración de la diversidad, destacando la valía de la
amistad y la solidaridad, como así también, el respeto por
la propia intimidad y la de los otros.
Sabemos que vivir en sociedad no es fácil. Más allá de esta
realidad, y precisamente por ello, nos toca promover el
respeto entre los hombres y las mujeres tanto como entre los
niños y los adultos.
Educar para crecer es un proyecto que ve la luz
gracias al esfuerzo de un grupo de profesionales de la
salud, de la educación y del arte. Roberto Coco, genetista,
especialista en reproducción humana y docente; Eva Gerace,
psicoanalista, docente e investigadora en temas de
prevención, Francesco Idotta, escritor y docente de escuela
primaria, secundaria y universidad han reunido sus
experiencias en esta colección. Los libros han sido
ilustrados por la artista plástica Patricia Gerace.
Colección “Educar para
Crecer”
La palabra es el medio del
transporte del amor, del deseo y del engaño. Su uso requiere
cuidado. La palabra se convierte en la protagonista de estos
libros. Se pretende que sea verdadera, porque no quiere
enseñar. Sí comprender y trasmitir. Ella encarna el deseo y
admite las diferencias. Razones socioculturales, en los
tiempos actuales, han llevado a que los valores se hayan
confundido. Algo de la autoridad paterna declina. Para no
conducirnos a engaño, la palabra necesita de una brújula, la
Función Paterna: la misma divide las aguas entre autoridad y
autoritarismo. La palabra es engañosa si vuela bajo, quiebra
las piernas y ensombrece… sobre todo a los jóvenes,
desorientados, a la deriva si aquella brújula no los guía.
Este libro fue pensado para orientar a padres y docentes,
junto a la lectura de los libros de cuentos, “El Camaleón de
la lengua larga”, con los cuales deseamos iniciarlos en el
vocabulario de las diferencias y de la educación amorosa.
Tanto los padres como los educadores tienen un compromiso:
acompañar a los niños y a los adolescentes para que se
acostumbren a dar sentido a lo que les sucede, una
posibilidad de encuentro con el deseo, con la vida.
“El Camaleón de la lengua
larga”
Francesco Idotta
El
libro para niños de 3 a 5 años de edad, “El Camaleón de la
lengua larga” relata una historia de amistad entre dos
niñitos, Agustín y Anita, que investigan sobre la vida y sus
misterios… a partir de cosas cotidianas. Un viaje, en varias
etapas, a los lugares de descubrimiento de sí y de la propia
dimensión humana y sexual. Dos niñitos a la conquista de
nuevos universos, dentro de los cuales puedan extender su
extraordinaria energía. Debajo de un árbol de higos, el
Camaleón de la lengua larga entona para ellos su canto de
felicidad y del deseo.
Agustín
y Ana crecieron, ahora van a la escuela, la historia de
amistad entre ellos también sigue creciendo… El libro “El
Camaleón de la lengua larga” para niños de 6 a 9 años de
edad, trata sobre un segundo viaje, en cinco etapas, por los
lugares de descubrimiento de sí y de la propia dimensión
humana y sexual. Dos niños a la conquista del propio cuerpo,
a través del cual logran descubrir sus extraordinarias
vitalidades, empujados por la curiosidad y el deseo de
conocer. Debajo del árbol de higos el Camaleón de la lengua
larga ha formado una familia y sobre la pared de la escuela
la araña Pinto ha tejido su telaraña espacial.
Agustín
y Ana están entrando en la adolescencia; llega el tiempo de
la pasión y de la responsabilidad. La vida asume colores más
decididos. Los espacios externos se reducen. Las sombras
interiores crecen y con ellas los interrogantes: de la vida
a la muerte… y otra vez a la vida; del dolor al regocijo.
Alcanza un instante para mezclar las cartas y los
acontecimientos. Un soplo de viento y un rayo de sol se
posan sobre el Camaleón de la lengua larga, que deja desnuda
la rama sobre la cual, por años, ha cantado sus canciones de
amor. Una fábula dulce como el amor, dolorosa como la vida,
plena de esperanza como el hombre.
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Mirta Pipkin -
LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO
(Letra Viva Edición 2009)
Comentario de
Elida Fernández
El
primer resultado reconfortante de la lectura del libro es
que uno puede decir sin temor a equivocarse que es un libro
“hecho en Argentina”, es decir, habla de lo nuestro,
de nuestros suicidios, de nuestras tragedias, de nuestros
horrores , utilizando vastos recursos para abordar el
tema.
Esto tiene un encanto especial en nuestra comunidad psi, tan
fascinada por citar a los analistas de la escuela preferida
allende los mares, donde paradójicamente conocen más a
Pichon Riviere o a Bleger que nosotros mismos.
Mirta Pipkin se mete con Lugones, con Borges, con los
desaparecidos durante el Proceso Militar , con los
sobrevivientes de Cromagnon. Nos trae a Juarroz, a Juan
José Saer, a Marechal.
Otra virtud del libro es que se nota en su autora, no sólo
las múltiples lecturas, sino su entrañable amor por la
literatura a la que apela en este tema tan arduo, tan de
borde del abismo donde se terminan las palabras, al borde
de lo siniestro, lo inexorable. Sólo de la mano de los
escritores puede uno asomarse a ese abismo donde el ser
humano decide o es impulsado a quitarse la vida.
Estando en Grecia donde los guías hablan de Edipo como si no
fuera el personaje de un mito sino alguien que existió, le
pregunto a la guía por qué la esfinge , al adivinar Edipo su
acertijo, ella se suicida : la guía me contesta muy
decidida : “estaba escrito en su Destino.” ¿Qué o quien
puede escribir en el Destino de alguien ese final trágico?
¿Se puede torcer el Destino? o como lo pregunta Pipkin: ¿Es
posible desviar un Destino Trágico?
Leemos en el libro:
“¿Qué es lo que empuja a que la muerte sea la cifra del
deseo actual?¿Será la urgente necesidad de un sujeto cada
vez más excluido , aplastado por el Ideal , tomado por la
pulsión – y no en el amor sino en la mortificación – la que
encuentra en esa salida en lo real el único recurso eficaz?
¿Y cual es el limite de la responsabilidad del analista, a
la hora de promover una reescritura que logre desviar esa
insistencia de lo pulsional que puede terminar en
tragedia?
¿Cómo leer esa cifra de muerte que no sea una lectura en el
sentido del sentido, ya que se trata de la verdad del goce?"
Estas son algunas de las preguntas con que Mirta Pipkin se
propone este recorrido intenso donde no va a sacar
conclusiones apresuradas sino que va a hacer un verdadero
recorrido, un ensayo por la filosofía, la literatura, las
tragedias sociales donde une su apuesta al trabajo del
análisis, a la lectura de aquellos que por fuera del
psicoanálisis nos hacen acceder a los bordes de lo real, sin
dejar de ir y venir con su lanzadera tejiendo esta trama que
nos hace asomar a la tragedia , al pecado del padre y su
herencia, a lo mortífero y sus múltiples trampas.
Nos encontrarnos con una apuesta fuerte a la ética
analítica y a la ética del psicoanalista, que como ella
dice, su único mandamiento en relación a la insistencia de
lo real pulsional, es el deseo de no ceder en el deseo,
al goce.
Todo buen recorrido tiene un anudamiento, y el que leo en
este texto es la ética del analista en relación al
encuentro con lo real: “Por eso, una ética que se diga
analítica va en la dirección opuesta al deseo de
reconocimiento: le interesa el reconocimiento del deseo”.
El último subtitulo del libro es: “Psicoanálisis, una
mirada comprometida con el horror” y allí otra vez nos
reencontramos con la pregunta inicial: ¿Es posible que la
experiencia analítica pueda desviar un destino trágico, ese
destino trazado por el padre, aquel que transmite su
pecado? Su respuesta es: “Entonces, si la experiencia
analítica en los límites opera como soporte, como lo que,
por su materialidad, se convierte en condición de
posibilidad, es sólo en tanto logra anudar la muerte a la
vida y al cuerpo, para mantener al hombre en el único
mundo humano: el del deseo.” Si y sólo si, condición básica
de posibilidad que radica en ese anudamiento. Apostar al
deseo, a una ética que no retrocede ante lo trágico, a un
analista que alumbre el reconocimiento del deseo y no
busque el deseo de reconocimiento.
No son sólo formulaciones de buenos deseos ni propuestas
esperanzadoras: la autora lo dice desde su quehacer, del
cual este libro, al que doy mi calurosa bienvenida, es un
intento de testimoniar, de bordar teorías, hipótesis ,
conclusiones , condiciones en una posición ética desde la
cual Mirta Pipkin piensa y trabaja.
Y así, pensando en este libro, en estos temas, vino a mi
encuentro un poema de Dulce Chacon que se titula:
Suicidio ,o morir de error
“Antes de estrellarse contra el suelo, la miró
con asombro. Saltaremos juntos –le había
asegurado la bella bellísima- Una. Dos. Y
Tres. Y él se precipitó. Y la bella bellísima
le soltó la mano. Y desde lo alto, asomada
bellísima en azul, le juró que le amaría
hasta la muerte”.
Buenos Aires,
agosto 2009
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Francesco Idotta -
ROTTE
MEDITERRANEE. Dal Mare sopraggiunge
l’Altro, Messaggero di novità (Città del Sole Edizioni 2009)
Comentario
de Eva Gerace
“Sorprendido
Cada día
Sorprendido
Por la vida…
Amando
El mar…”, poesía destinada, Francesco Idotta
Rotte Mediterranee
es un libro que habla desde este mar. El autor, Francesco
Idotta, en el epígrafe nos adelanta que es Real, porque
habla de un Lugar específico: El Mare Nostrum.
Así, comenzamos a encontrarnos con una parte de la historia
de este mar y de las tierras que lo rodean, pero también
podríamos preguntarnos por el viaje personal del autor, el
cual nació, precisamente, frente al mar de Ulises, y se
formó en estas tierras, atravesado por estas ondas marinas,
las cuales le han enseñado a leer entre una y otra,
estancar entre una ola y la otra, porque quién está en
viaje está siempre en ventaja, tiene el ojo entrenado a la
diferencia, puede leer mejor entre las líneas, el no
dicho del ser lo habita y no sufre de vértigos, porque está
habituado al zarandeo.
Francesco Idotta dedica sus
palabras a quién tiene el coraje de vestir el hábito
del propio Lugar, ¡con mayúscula! Y nos explica, qué
quiere decir habitar un lugar, y… como vestirse de ese lugar…
hasta que devenga elegante. Llega, con rigor a
este y otros conceptos, pues: abre las palabras, las
acaricia, las desnuda y las vuelve a vestir, nos recuerda a
Octavio Paz, en El Mono Gramático. Así, elegans – antis
llega a ser aquél que sabe elegir…
El coraje de apropiarse
del lugar, de sí mismo: Sin miedo por lo
ignoto. Y a quién no ha hecho este viaje, lo lleva
de la mano para hacerle ver el mar de las posibilidades…
Su preocupación es el
Mediterráneo, el hombre del Sur que tiene tantas cosas para
decir al Norte y a Europa. Y parte desde lejos, desde el
inicio de la historia del pensamiento, tanto árabe como
griego. Dialoga con diferentes autores… como si fueran; en
esas largas noches esparcidas de estrellas… y en los
días bañados de sol o de tempestades; sus compañeros de
ruta. Y desde allí escribe.
El autor muestra aquello que le pertenece: su profunda
formación en filosofía e historia. Del mismo modo que su
veta poética. Se sirve de las palabras para mostrar
la potencia que transportan.
Cuando se puede llegar a
algún puerto que hable de las verdades del ser, y se tiene
el coraje de dejar las seguridades que ya no sirven,
eligiendo navegar hacia lo nuevo, allí hay una
recuperación, nos explica, aceptando las
diferencias que llegan desde el otro.
Aceptar realizar este trabajo, como expone con claridad
Francesco Idotta, es lo contrario al nazismo,
el cual trata de aniquilar al otro sólo porque es otro,
porque no piensa como él.
El marinero,
continúa escribiendo, mientras navega entre cielo y mar,
rezando al dios del mar, pierde la fe en sí mismo y
queda entrampado en una red de supersticiones… para
navegar seguro sí necesita de una fe, pero en sus
capacidades. Tal fe es la filosofía.
De este modo el marinero sabe de libertad, la
cual se inaugura con la aceptación del
naufragio. De la conciencia de la propia finitud.
“Rotte Mediterranee” es un
libro que va al encuentro de lo diferente: de
aquello que es diferente a mí, de aquél que habla
otro idioma, que tiene otra religión… como cada país que
abraza al Mediterráneo. Así, continúa diciéndonos el autor,
el filósofo hace una lectura del desarrollo de los
lenguajes humanos como son el Arte, la política o la
religión… las cuales pueden unir o separar ásperamente.
Porque: el otro es siempre un peligro. Avanzando, con
su estirpe de maestro, nos enseña el valor de la
comunicación, como posibilidad de entender al otro en su
singularidad, sin tratar de cambiarlo o peor aún,
obligándolo a ser lo que no es. Resalta así el valor
fundamental de las palabras y muestra como la tarea
del poeta es imprescindible, tanto como la del
filósofo, en esta comunicación, en esta reflexión
profunda.
Como buen investigador,
Idotta, muestra en su último libro, no sólo la amabilidad
para recibir al extranjero, la “acogida” que
caracteriza a la gente Meridional, sino, además, la “exclusión”,
que algunos son capaces de sostener. Lo hace a través de una
poesía: Addio al mezzogiorno, escrita por W. Auden,
donde el poeta hace emerger una triste conciencia: el
Sur sabe excluir, su Sol no parece ser para todos, los
habitantes de aquéllas tierras piensan que son los únicos
que pueden disfrutarlo, pero por fortuna, entre ellos hay
otros hombres, intelectuales, pensadores, que nunca se
resignan a la indiferencia, nunca se acostumbran a la
hostilidad.
Para llegar así, pensamos,
el concepto cardinal que el autor pretende enunciar:
Ser todos iguales no es una buena prospectiva, aquello que
se debe auspiciar es una identidad de posibilidad, una
igualdad de tratamiento delante al derecho. Con los
mismos derechos y deberes ante la ley, pero cada uno con su
singularidad. La identidad se funda en la diferencia con el
otro, parece confirmar el joven pensador.
Podemos encontrar diversos
principios, para seguir aprendiendo, con la lectura de éste
libro, sólo recordemos otra, como si fuese una invitación:
“amen desde las diferencias, porque ese es el verdadero
amor”. El hombre es capaz de frenar la carrera cada vez
más indomable de la historia, pues aunque sea conducido por
la masa, puede decidir descender de la escalera
mecánica, accionada por las neurosis, y enamorarse.
El último capítulo nos
acerca otra sorpresa, una articulación entre Pinocho y
Ulises, para hablarnos del coraje de la diferencia.
Donde, con maestría nos hace entender las trampas en las que
comúnmente se cae al hablar de normalidad y el
pensar que somos todos iguales. El autor nos
presenta a un Pinocho que lucha con todas sus fuerzas
para afirmar su diversidad.
Asimismo nos muestra como Pinocho dice una mentira para
ayudarlo, y aquella mentira es una prueba: el que es
diferente tiene que fingir, decir mentiras, de otra manera
es privado de su identidad y con ella la libertad… quizás
si alguien hubiese abierto un diálogo con Lucignolo,
que aparece como el niño malo porque… aún hoy los
Lucignolos no son escuchados, pero sí golpeados…
Para finalmente aclararnos
como lo extranjero, lo diferente, se pierde, porque es
rechazado. Rechazado porque representa rebeldía, así nos
muestra a Pinocho, en la versión de Collodi, cayendo en el
conformismo… equiparado a Ulises, quien dirigiendo su
mirada hacia el lugar donde vive su fatal enemigo Poseidón,
se siente extranjero en sí mismo; Pinocho y Ulises tienen
que usar máscaras: para no hacerlo reconocer, Atenas, en
más de una ocasión, lo disfraza… Habría que preguntarse cual
sería el verdadero rostro de Ulises…Como se ha dicho, sólo
Argo logra verlo.
Casi a mitad camino, en el
capítulo IV: Entre Estrellas y Mar. Con Heidegger y
Nietzsche. El alba y el conocimiento. Encontramos una
perla. Francesco Idotta nos trae a Penélope como la
verdadera viajante, no a Ulises. Ella ha habitado Itaca,
ha derrotado la manía del infinito acogiéndolo como su lugar,
sentada en su telar. El hilo para entrelazar es la
desconcertante línea del infinito…Penélope la ha seguido y
en ella se ha perdido… Una excelente
representación de la feminidad que encarna Penélope.
Bagnara (RC - Italia) , agosto
2009
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Mirta Pipkin -
LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO
(Letra Viva Edición 2009)
Comentario de
Blanca Aragón Muñoz
Se
trata de un texto que con el eje común del suicidio, va a
ofrecer, al modo de un caleidoscopio, un recorrido amplio
por distintos conceptos psicoanalíticos como la angustia, el
goce, el Otro, el duelo y, diría que muy especialmente, el
objeto a. Todo ello con una buena cantidad de referencias
que invitan a conectar con otros autores y temas.
La autora hace la distinción entre el suicidio como
acto, donde dice, “el sujeto se desliga de la
pregunta por el deseo del Otro”, y el suicidio como
acting y/o pasaje al acto, donde “el Otro acosador
exige sacrificios en lo real del cuerpo”.
Hay un desafío, un guante lanzado al rostro en la
primera línea del prólogo “¿Es posible para el
psicoanálisis desviar un destino trágico?” Otro modo de
plantear esta cuestión que sirve de título también al
capítulo final, cerrando el ciclo, sería si podría haber
para ciertos sujetos una posición de distanciamiento del
Otro que no fuese el suicidio.
El capítulo que en mi opinión (la de una española sin
vivencias ligadas a la historia contemporánea argentina),
posee una originalidad muy interesante es el dedicado a Pirí
Lugones.
Pirí Lugones fue una de los noventa y tres periodistas
desaparecidos en febrero de 1978. Ligada al movimiento
montonero con el rango de oficial, se cuenta que desoyó las
advertencias sobre su detención en el momento que volviera a
casa.
En el texto se plantea la pregunta acerca de si Pirí cae
en una trampa como tantos otros detenidos-desaparecidos en
ese período en la Argentina o si está presente, también, un
factor propio en relación con el peso de los hombres muertos
a su alrededor. Sus últimas pérdidas: el suicidio de uno de
sus hijos y la desaparición de su pareja.
La autora efectúa una investigación minuciosa en las
biografías que los distintos autores han escrito sobre Pirí
y directamente conversando con personas que la conocieron
cercanamente. Lo que le permite trazar para el lector el
esbozo de un personaje de tragedia.
Tres frases nos impactan desde las páginas del libro:
“Soy Pirí Lugones, la nieta del escritor, la hija del
torturador”, así se presentaba a sí misma.
“Leopoldo Lugones es uno solamente, en padre e hijo, y queda
éste como guardián de mi obra”,
del testamento de Leopoldo Lugones, abuelo de Pirí,
considerado el poeta nacional argentino y cuya ideología se
fue haciendo cada vez más fascista, apoyando el golpe de
estado de Uriburu en 1930.
“Yo soy mi padre”,
Polo Lugones, hijo de Leopoldo y padre de Pirí. Jefe de la
policía federal, fue el introductor de la picana como
instrumento de tortura. Es descrito como un sádico, un
maltratador, capaz de las mayores crueldades.
Es en este marco de exaltación en el que se muestra a
Pirí como un personaje fuera de lo común, fuera del
universal, lanzada a la excentricidad, la excepción, la
exclusión. Quienes la conocieron la describen como
provocadora, fascinante, especial; teniendo que hacer cosas
“bien Pirí”, originales, únicas en su clase, que se
adjetivan con su apodo.
La autora nos recuerda una cita de Lacan en el Seminario
11: “El padre, el Nombre del Padre, sostiene la
estructura del deseo con la ley, pero la herencia del padre,
que nos designa Kierkegaard, es su pecado”. A través de
esa cita, el texto nos muestra cómo algo va pasando de uno a
otro en los tres Lugones. Allí donde parecen fallar los
operadores, donde fracasaría el Nombre del Padre, quedan
marcas de goce que no son cuestionadas. Pues, la palabra
herencia lo evoca, no es obligatorio aceptar un legado.
Una herencia puede ser rechazada. Ahí cobra sentido la frase
de Lacan “pasar del padre a condición de servirse de él”.
En una nueva vuelta del texto, aparecen relacionadas la
figura de Pirí y el personaje de Antígona, que es llamada en
la tragedia “e pais”, la pequeña, y de quien dice el
coro que es “omos”, tan “omos”como su padre.
En el caso de Pirí habría que añadir“omos”, es decir
inflexible, implacable, como su padre y su abuelo.
Pues aunque ambos se quitaron la vida, es la forma en la que
viven la que parece ligada a la herencia Lugones.
Siguiendo con la lectura, el nombre de Pirí proviene de
un malentendido. Parece que su padre la llamaba “la
pibita”y su abuelo, un hombre de letras, entendió “la
pirita” .Se pregunta la autora
“¿Podría haber evitado el extravío del goce quien debía su
apodo a estos dos hombres?”
Si el Otro es el que nombra, es Pirí quien se identifica
con su apodo, hasta arder en él. Su nombre oficial era
Susana y por el que se la conocía en la clandestinidad,
Rosita.
Este asunto de los nombres propios nos lleva a la
polémica entre Russell y Gardiner, que Lacan comenta en el
seminario de la Identificación. Éste, se intuye, simpatiza
con la posición de Russell, aunque con matizaciones. Dice
Lacan: “El nombre propio es lo
particular en el sentido de ser irreemplazable. Es decir,
que podría faltar. El nombre propio está hecho para llenar
los agujeros, para darles su obturación, una falsa
apariencia de sutura.”
Como si Pirí hubiera redoblado su parentesco con esos
dos hombres asumiendo su apodo, que como nombre propio
funciona como letra, en su función de rasgo unario. Es en
esa característica de significante puro por lo que tiene
máxima significancia.
Frente al enaltecimiento de Pirí, que sigue adelante en
las circunstancias más atroces:”¿pero ustedes qué saben
de tortura? Torturador era mi viejo” la oyeron gritar a
sus verdugos. Frente a ese enaltecimiento, a esta posición
encastillada de heroína frente a la Historia, “omos”como
dice el coro de Antígona, no es muy probable que hubiera
aparecido algo capaz de oponérsele, de reducirla a la
condición de simple mortal.
Se requeriría una fractura en ese Otro tan consistente
para que en esa vacilación apareciera la posibilidad de ese
“pasar del padre a condición de
servirse de él”.
Este tipo de personajes, ejemplificados por Pirí Lugones,
constituyen un límite a lo que el psicoanálisis puede hacer.
Tendrían que abandonar el territorio de lo mítico, de lo
heroico, de la leyenda para siquiera concebir la posibilidad
de un análisis.
Así pues, ante la pregunta de la autora acerca de si el
psicoanálisis podría desviar un destino trágico, una
respuesta posible sería: “Sólo si los dioses están a favor”.
Madrid, julio de 2009
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