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Libros
Índice de los libros y sus comentarios publicados en esta sección
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Cynthia Szewach
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Eva Gerace
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Verónica Diez
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Marcelo Izaguirre 
 
EL TRAPECISTA - Autor: Fernando Araújo (Planeta 2008 - 3º Edición)
Comentario de Eva Gerace
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Lidia Alazraqui
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Paula M. de Gainza
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Marina di Carlo
 
CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA - Autores: Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares. (LUMEN 2011)
Comentario de Miguel J. Lares
 

EDUCAR PARA CRECER - Autores: Eva Gerace y Francesco Idotta. (FunSaRe 2010)
Comentario de Eva Gerace

 

LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO - Mirta Pipkin (Letra Viva Edición 2009)
Comentario de
Elida Fernández
 

ROTTE MEDITERRANEE. Dal Mare sopraggiunge l’Altro, Messaggero di novità - Autore: Francesco Idotta (Città del Sole Edizioni 2009)
Comentario de Eva Gerace
 
LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO - Mirta Pipkin (Letra Viva Edición 2009)
Comentario de Blanca Aragón Muñoz

 
 
 
 
 
 
 
 
 

CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario de Cynthia Szewach

“No tengo que transformarlo en juego sino decirle que está jugando”
                                                                                            Jorge Fukelman

Gratas tardes charlando tomaron forma de libro.

Leemos. Lectura de sorbos, de  saltos, a veces en continuidad placentera.

Otras, nos encuentra  deteniéndonos en las  distintas complejidades, practicadas en términos aparentemente sencillos, pausados, hilados cuidadosamente.

A veces andamos sin rumbo prefijado, guiados por el ritmo  que propicia una libertad asociativa.

Recibimos el recorrido que  con generosidad proponen quienes hablan/escriben, escriben/dicen.

A veces podemos oler el café  servido en ceremonia atenta para la obertura a la reunión,  que palpamos en el texto.

 Ambicionamos como lectores agregarnos al terceto reunido zapando entre anacrusas y resonancias y reflexiones muy trabajadas.  Nos sorprenden   al leer solfeando con las manos.  

Imaginamos, por otra parte, que las palabras  han sido escuchadas una y otra vez, y luego, encontradas en el papel.

Que no se pierda la voz.

Se desafía  en el texto  lo irremediablemente perdido y, sin embargo es desde aquella morada, desde donde se hace pasar esa voz.

La pérdida es la de la marca, nos va diciendo Jorge Fukelman, en sus temas, que las charlas van situando: el cuerpo, la  imagen, el espejo,  el laleo, el cuadro, la ausencia…

No se trata de transformarlo en escrito sino decir que se está escribiendo.

Conversaciones, un arte. El diálogo, una disponibilidad que campea  lo imposible. Preguntas, un desprendimiento. Paula de Gainza y Miguel Lares, (les estamos agradecidos), ingresan  en las tres dimensiones, mientras saben que lo que se está produciendo  es un enlace de viajantes  que testimoniaran su travesía y que  legarán al psicoanálisis su bitácora. Un testimonio del eslabón que Jorge Fukelman,   establece en  la historia del psicoanálisis en Argentina y en especial en la práctica con niños.

Al mismo tiempo,  los autores susurran entre paréntesis para quien quiera oír o  quiera detener su paso en estaciones que despejen o acentúen un concepto, un minucioso trabajo de la nota que hace pie.

Como siempre, Jorge Fukelman, hace pasar sus  vastas lecturas, por su decir personal, hace de la cita un festín propio. Si bien la pregunta acerca de la existencia de un analista, no se elude (¿existe un analista?), acentúa como siempre que lo que se produzca lo que se interrogue, se  dirá desde lo que está en el analista. No gambetea jamás la pregunta por el cuerpo, por la fantasía y  por el goce. Incluye siempre lo que le atañe,  esa palabra que tanto insiste en su hablar.

Leemos, aquello que se escribe de lo que se escucha.

Así como también leemos el valor de  deletrear en esa escucha lo que el niño “Tratará de leer con su cuerpo” y “El cuerpo como comentador de las letras parentales reprimidas”

La digresión y el desvío como puesta en acto del inconsciente. El silencio,  la pausa, el semi-decir, la metáfora,  como puesta en acto de la falta puesta en juego.

Sus  intereses y su política abrevan en el barro de  la práctica analítica  misma, las preocupaciones por sus pacientes y lo que del día le cuenta al día.

El compromiso con  la época, las figuras de exclusión y segregación de su tiempo,  los momentos por el que atraviesa la cultura y en especial los efectos que portamos de  la historia que atravesó nuestro país,  son plasmados  en las respuestas una y otra vez.

Escudriñar lo singular, lo de cada uno, y en tono de respeto amable,  no es jerga en su pluma oral. Es una ética practicada.

Lo perecedero interrumpió una palabra. Pero el libro “Conversaciones con Jorge Fukelman”, como diría Juarroz, es uno de esos momentos, en los que el hilo de la ausencia no deshace el tejido.

 Cynthia Eva Szewach

 

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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario de Eva Gerace

“dale que yo era…”

Conversación, del latín conversatĭo–ōnis, indica la acción y efecto de hablar entre personas, donde hay comunicación, hay diálogo, hay preguntas, hay trasmisión oral. Comunicación mediante la palabra entre varias personas que, alternativamente exponen sus ideas y matices. Así los diferentes diccionarios me ayudaron con la primera palabra del título del libro Conversaciones con Jorge Fukelman – Psicoanálisis: juego e infancia. Y de eso se trata, de una conversación, varios encuentros, diferentes preguntas, entre Jorge Fukelman y Paula M. de Gainza y Miguel Jorge Lares.

Los autores nos recuerdan que Jorge Fukelman se dedicó más a la trasmisión oral que a la escrita, naciendo así en ellos “la intención de hacer un libro que incluyera una serie de entrevistas con él” más una “buena parte de sus disertaciones públicas”, entre 1991 y 2007, las cuales pasan a ser fragmentos de los llamados escolios, apostillas al final de cada capítulo, y de algunos de los comentarios que nutrieron esas conversaciones que me hacen recordar a Virgilio guiando a Dante cuando este decide entrar en el Infierno y lo hacen conversando. Conversaciones profundas, serias, que descubren experiencias, sorprenden y, así, inician un viaje al centro de la tierra, como si de un rito iniciático se tratase.

Supimos así que el dolor, la tristeza, la oscuridad brumosa de ciertas experiencias de la infancia, pueden encontrar alguna salida. Empresa ardua, que los autores nos facilitan leer. El pensamiento y la reflexión sobre una práctica singular que Jorge Fukelman trató “de aclarar esto con un ejemplo”. Simplicidad y sorpresa en el trabajo clínico, complejidad en la teorización, siempre con rigor y reflexión y una invitación: el viaje debe continuar…

Conversaciones que resuenan amigables a nuestros oídos, conversaciones que muestran un empeño, una cadencia para aprender a “sentarse junto a…” y escuchar Lo que la noche le cuenta al día...Hai fatto +1 pubblicamente su questo elemento.

Hace ya unos meses llegó a mi correo un email: dos personas querían confirmar algunas informaciones, luego sabría porqué: Jorge había hecho circular la historia de su encuentro con la Costa Caribe de Colombia. Así supe de este libro y, coincidencias de viajes me llevaron, primero a Cartagena, y luego a participar en la presentación, en la Sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, del libro Conversaciones con Jorge Fukelman. Psicoanálisis, juego e infancia, de Paula de Gainza y Miguel J. Lares.

Por ello quise escribir algunas palabras que, a su vez, también recordasen el paso de Jorge Fukelman por Cartagena de Indias en 1996, convocado por el Círculo Psicoanalítico del Caribe, cuando nos reunimos a trabajar en un seminario que él llamó: Ponerse en Juego - Niñez y Adolescencia.

Dos frases recordadas al azar:

“Si ustedes ahora me preguntaran  -bueno, muy bien, pero ¿qué es la castración? Yo tendría que hacer uso de un saber para decir qué es la castración, cuando justamente lo que estoy tratando de plantear es que el saber allí se encuentra en falla.

Si ustedes me dijeran -¿qué es la castración? ¡Decime! Porque si con la castración aseguro esa relación ¡Fenómeno! Pero justamente eso es lo que nos falta. Si partimos de allí, puede ser que podamos tener una actitud en relación a los niños, púberes, adolescentes que no sea patógena, que no sea iatrogénica. Pero partir de ahí, es partir de los problemas nuestros, no de los problemas de los chicos”.

“El problema no es meter la pata, el asunto es poder sacarla después. Si podemos volver sobre las metidas de pata que cometemos cuando educamos a nuestros hijos, cuando analizamos o cuando damos una conferencia, si podemos volver sobre eso ¡Ya está! ¿Qué más? Volveremos una vez y otra vez. Porque no nos vamos a dejar de equivocar hasta el día en que estemos muertos”.

Dos frases que recuerdan el ‘estilo fukelmaniano’, como han tenido el acierto de nombrar, Paula y Miguel, a esta forma singular de trasmitir.

Haber tenido la posibilidad de ser atravesados por esta forma de trasmisión, sea en las “clases”, sea en el análisis de control, es un privilegio que la vida nos ofrece, más allá de haber podido compartir sus primeros pasos… al ritmo de la música caribeña.

Eva Gerace

Fuente: http://psicoanalisisjuegoeinfancia.blogspot.com/2011/11/eva-gerace-comenta-conversaciones-con.html

 

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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario de Verónica Diez

Durante algunos años, Jorge Fukelman nos abrió generosamente las puertas de su consultorio.

Allí íbamos a estudiar, supervisar, charlar o a experimentar algunos de esos silencios incómodos que él sabía bien escuchar y sostener.

Después de un tiempo de participar de esos encuentros, nos dimos cuenta de que había que soltar cualquier pretensión de atrapar aquello que allí se decía. Su transmisión no consistía en repetir un saber de biblioteca, no porque no lo poseyera, al contrario, contaba con una nutrida selección de libros, a la que se sumaba su propia elegancia intelectual. Pero no sólo se trataba de tener los libros sino de encontrar en ellos eso mismo que él encontraba, situación para nada evidente. Su transmisión no pasaba por ecos de un saber establecido sino por un modo original de leer.

Lectura de la teoría, de la clínica, de la época que daba cuenta de un pensamiento en nombre propio. Una lectura que abría puertas que de repente se cerraban. Como toda experiencia de lo fugaz, que deja la sensación paradojal del encuentro y la pérdida. El abría las puertas para ir a jugar a su consultorio, pero también para que nos la jugáramos en el nuestro.

Recuerdo que una vez nos encontramos casualmente en el intervalo de un concierto de Keith Jarret. Su comentario sobre la ejecución del artista fue que a él le gustaría poder improvisar en su consultorio de la misma forma que Jarret lo había hecho con su piano. Ciertamente, una delicadeza que no faltaba en ninguna de las intervenciones de Jorge: una combinatoria creativa y singular de elementos mínimos que resonaban en quien los escuchaba.

Creo que no exageramos al afirmar que él sabía servirse del lenguaje no para representar sino para transformar el mundo, al menos el mundo de aquellos niñitos y no tanto, que de un modo u otro, tuvimos la suerte de encontrarnos con él.

El libro que nos acercan Paula Gainza y Miguel Lares tiene esa generosa característisca, la de abrirnos la puerta a las conversaciones que mantuvieron con Jorge Fukelman en el último año de su vida. Por eso, mi enorme agradecimiento primero a Jorge, aunque él lamentablemente ya no esté para recibirlo, y luego a Miguel y a Paula por habernos dejado entrar a estas charlas que nos ofrecen la ocasión de hacer “como si” pudiésemos estar un rato más con él.

V. D.

 

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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario de Marcelo Izaguirre 

En general un libro se comienza a leer por el principio, aunque es sabido que Macedonio Fernández tenía sus simpatías por el lector salteado. El libro de las  Conversaciones con Jorge Fukelman, que llevaron adelante Paula M. de Gainza y Miguel J. Lares, debe comenzar a leerse por el final, su última página más precisamente, que ya no forma parte del libro sino que opera como un paratexto, donde los autores informan que el diálogo se había desarrollado entre enero y octubre del año 2010 y que, luego de su revisión, Jorge Fukelman había prestado su conformidad para que esas conversaciones fueran otra cosa que unas “gratas tardes charlando”. E informan, inmediatamente, que el interlocutor falleció al mes de su asentimiento para la edición. Acontecimiento que transformaría al libro en un documento particular. Nacido del deseo, deseo de un par de psicoanalistas de dejar por escrito las  palabras de un psicoanalista que se dedicó a formar a otros  psicoanalistas (varios), pero del que, curiosamente, aunque sin duda por una elección suya, no abundan escritos (salvo un par en la revista Conjetural y algunos pocos más por otras publicaciones, que en general, fueron recogidas de intervenciones orales suyas). Su predilección por la transmisión oral lo equipara con  Raúl Sciarreta,  pero a diferencia de él, Fukelman tenía una extensa práctica en el ámbito del psicoanálisis. 

La falta de predilección por la escritura quizás se debía a algún acuerdo con aquel español que afirmaba, al responder a un viejo adagio latino, que si bien es cierto que a las palabras se las lleva el viento y lo escrito queda, se trata de ver adónde es que se lleva el viento las palabras y dónde es que lo escrito queda. Respondiendo a esa descripción, estos dos “discípulos” de Fukelman han querido darle el mejor destino a las palabras recogidas en el curso de una enseñanza. Con un objetivo plenamente cumplido, donde no se trata de una clase magistral del psicoanalista recogida por el grabador, sino del intercambio dialéctico en el cual se despliega un estilo coloquial en correspondencia con el título.

 Quien llegue distraído al encuentro de este libro puede caer en el equívoco de que se tratará de una lectura veloz. Para salir de él, rápidamente, encontrará que el trabajo de los interlocutores de Fukelman no hace las cosas tan sencillas. Los escolios, que tomaron forma al final de algunos capítulos, nos hacen saber que allí se condensan, en pocas páginas, multiplicidad de temas; que no sólo aluden a algunos conceptos lacanianos o freudianos siempre complejos, como la idea aquella de que el significante no es el sujeto, apenas lo representa y que en esa representación, justamente, desaparece; o, la función de pantalla del juego para proteger del vacío. También recogen en una apretada síntesis, que da cuenta de la complejidad, disertaciones públicas del psicoanalista entre los años 1991 y 2007, sin dejar de aludir a temas políticos y sociales que han tenido su incidencia en nuestro país. 

Uno de los capítulos, titulado psicoanálisis y transmisión, es una muestra del estilo: comienza con un comentario de uno de los autores, M. Lares, recorriendo diferentes momentos del psicoanálisis vinculado con los grupos, y diferentes instituciones (no hay que olvidar, acorde con lo afirmado por Freud en Psicología de las masas, que no hay yo sin el otro, por tanto, parafraseando, no hay psicoanálisis sin instituciones). El entrevistador alude a las condiciones de  formación, el análisis  personal, el corpus teórico y cierto estilo artesanal ligado a la transmisión, para cuya explicación recurre a un ejemplo que recuerda al que daba Octave Mannoni: la teoría física explica como es posible que se sostenga alguien en la bicicleta, pero no enseña a andar en bicicleta. Tampoco, como es sabido, enseñarle a alguien la teoría de los colores lo transforma en pintor. La respuesta de Fukelman se dirige en esa orientación, en tanto afirma que parte de la experiencia de advertir qué ha estado haciendo en su práctica. Lo que no implica, e insiste en ello, la enseñanza de un cuerpo teórico.

Otro capítulo, quizás uno de los más logrados desde la perspectiva de la transmisión, es el tercero. Con el estilo que evoca una clase amena, Fukelman afirma que la referencia a la lógica es para dar cuenta de la relación entre una proposición y la existencia de aquello a lo que la proposición se refiere. Y, deja claro, que el uso que de ella hacía Lacan era  para sacarse de la cabeza la idea de que los dichos en transferencia tengan como referencia el “papá” o la “mamá” en el análisis. Aunque el  análisis con niños está presente en este capítulo, y atraviesa todo el libro, si alguien supone que esas  afirmaciones  son realizadas por su práctica con niños no dejara de extraviarse. Pues ello significa que no debe caerse en esos lugares comunes de encontrar el referente, sino de practicar el análisis lógico de los dichos, lo que va a conducir a tomar en cuenta el goce. O sea que de la lógica se pasa al goce, y ello implica tener en cuenta el goce propio del cuerpo vivo.  Ponderar el tema en ese punto, implica la puesta en acto de la diferencia con la “conversación rortyana”. Para situar dicho goce, dirá Fukelman, Lacan parte de los parámetros de privación, frustración, castración. Y, en tal sentido, resulta interesante el modo en que confronta un tema de la “última enseñanza” de Lacan con los comienzos de la misma. Es lo que ocurre, también, cuando alude a las experiencias que están realizando en Estados Unidos en la cual ponen a manejar computadoras a niños autistas en las cuales los chicos utilizan la tercera persona. Lo que no han podido hacer, afirma, es tematizar  quién habla allí. Como es sabido,  era la pregunta que formulaba Lacan desde la presentación de su esquema lambda. Y antes también,  en su informe de Roma.

Otro tema de actualidad planteado en ese apartado es el de las marcas, para lo que remite a la novela American psycho, donde no sólo se trata de las marcas al estilo de no-logo de Klein sino a las marcas en el cuerpo, lo que no se debe dejar de lado –reitera-  cuando se habla del goce. Sobre el final del mismo insiste en sacar de la mente del lector la idea de los personajes. Para ello, en el análisis con niños, su práctica específica, recurre al ejemplo del juego ya que este ilustra el modo en que se ubica la niñez, y “los personajes de la realidad” serán un resultado de lo que se juega en esos encuentros. Para concluir de manera terminante: “Una vez que esos encuentros están instalados, no se trata de que el papá o la mamá condicionan el juego, sino más bien que el juego condiciona a los personajes”. No podría hacerse una mejor caracterización del poder constitutivo de un sujeto del análisis, que pueda ir más allá de la familia.

Entiendo que estas Conversaciones adquieren una importancia fundamental, desde ya, para los practicantes del psicoanálisis con niños, pero también, como se dijo,  para aquellos  interesados en la transmisión del psicoanálisis en general, y en particular,  en los detalles de la historia del lacanismo en la Argentina. Ya que la “discreción” de Fukelman, epíteto que usa Jorge Jinkis para hablar de su amigo, y su reticencia a escribir, lo mantuvo siempre en un segundo plano aunque su importancia no fue menor. Formado en los inicios junto al Dr. Rolla,  como  todos los psicoanalistas que entendían que la clínica no podía ser pensada sino en relación con la cultura, tuvo un encuentro a comienzos de los años sesenta con Enrique Pichon Rivière, que lo conduciría, como a tantos otros allegados a éste, al encuentro con Oscar Masotta y al estudio de la obra de Jacques Lacan. Eso lo ubicó, entre otras consecuencias, como el impulsor de la creación en el año 1972, de la primera institución “lacaniana” para atender niños psicóticos, “El lugar”, que luego sería la sede de la escuela fundada por Masotta. Más allá de los resultados, que sirvieron para poner de manifiesto cierta impotencia en los resultados, al decir de alguno de sus acompañantes en esa experiencia, no puede dejar de destacarse el gesto audaz del desafío que fue la misma. También fue el impulsor, a partir de la cátedra de Psicopatología de la Facultad de Psicología, de la invitación a Oscar Masotta a presentar dos clases que luego serían publicadas en los cuadernos Sigmund Freud. Había comenzado, en los años sesenta, el estudio de Lacan con el primer grupo que había iniciado las cosas; es decir, fue uno de los impulsores de los primeros estudios lacanianos en la Argentina. Se alude a la relevancia de esos actos en estas conversaciones, aunque sin demasiados detalles, seguramente por la discreción mencionada. Fukelman da datos de su formación e indica las razones por las cuales no acompañó, con su firma, la fundación de la Escuela fundada por Masotta en el año 1974. Refiere su papel en la institución para la atención de los niños, y su incorporación al estudio de aquel primer grupo (del cual perduraría su amistad con Jorge Jinkis y algunos otros), sin aludir a la cantidad de psicoanalistas deudores de su enseñanza.

Hay que dejar claro, de todas maneras, que la reticencia y discreción de Fukelman no implican debilidad alguna, como lo demuestran las afirmaciones finales de las conversaciones, donde deja una afirmación contundente, en línea con la crítica de Freud al furor sanandi de Sandor Ferenczi  o la crítica de Lacan a los “psicólogos del yo” en la Dirección de la Cura, que deviene en lo incurable. Afirmaciones a las que no faltaran quienes se  apresuren a salirle al cruce, desde cualquiera de las posiciones mencionadas o, desde el siempre infaltable buen sentido “samaritano”: “no se puede decir que el psicoanálisis sirve para aliviar el sufrimiento. Podrá servir, en todo caso, para situarse de otro modo, para que se sufra de otra manera, para que se tome nota de que allí, donde se sufre, sucede algo más…”. Los tres  puntos que dejan  como final del libro los autores es, seguramente, el intento de mostrar el estilo de enseñanza y transmisión de Fukelman, o sea, que cada lector o, para ser más precisos cada analizante, de cuenta de ese algo más que sucede con el sufrimiento a partir de su análisis.

 

^ARRIBA^

 

EL TRAPECISTA. Fernando Araújo  (Planeta 2008 – 3° edición)

Comentario de Eva Gerace

“El trapecista” de Frenando Araújo. Uno, dos, tres trayectos en avión, alcanzaron para leer este robusto libro, para constatar los daños que ocasiona un secuestro. De Cartagena a Buenos Aires, luego a Roma, este libro me hizo tocar con la mano los estragos de una retensión forzada.

Fernando Araújo Ingeniero civil, empresario, secuestrado en diciembre del 2000, en Cartagena de Indias, quería seguir estudiando, le interesaba la genética, “una de las ciencias del futuro”; ya había leído “sobre el proyecto para descifrar el ADN”.

Se había casado por segunda vez hacía siete meses. Su amor hacía Mónica, la relación con sus cuatro hijos, su trabajo, su curiosidad, sus ganas de aprender le daban fuerza para mirar hacia el futuro con cierto optimismo. Y fue secuestrado.

No podemos sostener un análisis fuera de la subjetividad de la época, nos indicó Jacques Lacan. Los guerrilleros de la FARC representan algo de nuestra época donde un discurso “Amo”, patrón del otro, deja fuera cualquier posibilidad de sostener las diferencias, es más, no deja inscribir un límite que posibilite respetar al sujeto. Todo es posible, todo vale, hasta apropiarse de la vida del otro.

El autor nos cuenta sus desesperaciones, sus angustias, sus noches de insomnio, la violencia del control absoluto al cual estaba sometido, pasivamente. Si bien, a lo largo del libro, y a pesar de momentos de grandes dudas, hubo algo de lo cual el otro, en este caso los miembros de la FARC, nunca pudo apoderarse: de sus pensamientos, de su constante búsqueda de la libertad.

Despojado de sus afectos, de su intimidad, de su lugar en el mundo, sea este imaginario o simbólico, lo real de lo que estaba viviendo se le tornó insoportable.

Estos fragmentos del diario de un secuestro, que duró seis años, muestran como a Fernando le sustrajeron un tiempo de su vida, llevándolo a recorrer montes casi inaccesibles, incomunicado con el resto del mundo, por un largo período. Los cambios constantes de lugar, van de la mano con los cambios de humor. Lo que casi nunca perdió es la lucidez para reflexionar, también, sobre las excusas, que la guerrilla sostiene para poder delinquir: “ayudar a los más necesitados”.

Tal vez podríamos entender, con este texto, cómo el secuestro pasa a encubrir una forma de “capitalismo”; un negocio bien organizado para apropiarse del dinero del otro, traficar con armas y drogas o, dándole un sentido “político”: intercambiar guerrilleros presos por rehenes. Hemos aprendido que estos grupos armados funcionan como una industria, con sus códigos y organizaciones, donde el sujeto, sus afectos, pierden todo valor. Queda segregado.

Las FARC, sosteniendo un discurso patrón, determinan quiénes forman parte de esa colectivización, y quiénes quedan afuera. Siempre con las reglas que ellos imponen.

En este libro se denuncia a un grupo armado, que como cualquier otro “grupo” armado, con su accionar, no solo ataca a una persona, a su familia, sino que arremete contra toda una sociedad.

El autor nos fue narrando su constante miedo a no volver, a la muerte. Cuando es amenazado, cuando no lo es o cuando los helicópteros del ejército pueden atacarlos, es decir, en el intento de liberarlo, también podría morir… tanto por un miembro de la FARC como a consecuencia de los ataques militares. Ejecutores de lo siniestro, pueden hablar por TV, por los medios en general, esgrimiendo doctrinas y argumentos que intentan legalizar lo ilegalizable.

“…los guerrilleros de las FARC cometían uno de los crímenes más atroces de la historia reciente de Colombia (…) Este asesinato me afectó profundamente. Me sentía muy cerca de todos los secuestrados, en especial de los que formaban parte de la lista de canjeables, como nos llamaban las FARC. Había escuchado muchos mensajes que sus familiares les enviaban por la radio y sentía que eran parte de mi propia familia. Una vez más, las FARC mostraban su crueldad sin límites”.

El dolor, la pérdida que significó no haber podido acompañar a cada uno de sus hijos en las etapas fundamentales de su crecimiento, de la pérdida progresiva del amor de Mónica hacia él, de cómo no pudo avanzar en sus estudios, son un duro documento de esta época, donde cualquier grupo “armado” se adueña del personaje que le conviene e intenta cancelar su subjetividad. Como objeto a merced del goce del otro, el narrador los describe con múltiples ejemplos, los que pudo recordar de sus largos años de cautiverio, mostrando con una descripción puntillosa, cómo estos grupos armados ejercen un control físico y moral sobre el secuestrado.

Lo cual me hizo recordar “El Panóptico” de Jeremías Bentham, cuando intenta demostrar como en algunos lugares, “se afinan estrategias totalitarias que se extenderán por todo el campo social”. Recordemos que el modelo del panóptico, un edificio construido de modo que toda su parte interior se pueda ver desde un solo punto, es “una maquinaria exacta y permanente de poder”. “En su lógica se inscribe la actual reforma penitenciaria, el nuevo código penal, el cambio de imagen de la policía, los crímenes innumerables de la paz”… podríamos agregar… como las FARC, y, además, cómo muchos ideales de sociedades llamadas democráticas, que se basan en este proyecto político de control del individuo con el “Ojo del Poder”, diría Michel Foucault.

 

Vigilancias con vídeo-cámaras, maniobras, registros, rangos, sometimiento de los cuerpos, dominación de las multiplicidades humanas, manipulación de sus fuerzas, ¿no son una forma de vigilar y ejerce un control sobre el otro? (“Vigilar y Castigar” – Michel Foucault). Una mirada que vigila constantemente, el secuestrado está sometido a situaciones límites. Relatos de ejecuciones, no solo de políticos, de gente de los pueblos, de lo externo… sino también de miembros del grupo clandestino, que intentan escapar de esa vida. El “canalla” hace parte de estas catervas.

Desde hace tiempo se viene hablando de la declinación del Nombre del Padre. Fukelman (“Conversaciones con Jorge Fukelman. Psicoanálisis: juego e infancia”. Paula de Gainza – Miguel Lares) nos dice que: “Más bien, parecería tratarse de la declinación de los artefactos simbólicos que permiten que alguien pueda “dirigirse a”. Hablo de lo que puede encontrar cualquiera de nosotros frente a un inconveniente. Por ejemplo, voy a un hospital y no me atienden, o me dan un turno para dentro de cinco meses; entonces, ¿a quién me dirijo?, ¿dónde puedo decir: esto así no marcha? Lo que ocurre allí es que no tenemos los aparatos simbólicos que podrían permitir apelar a alguna instancia que tome en cuenta esto; por lo tanto, la solución sería dirigirse a la televisión o a cualquiera de los medios masivos de comunicación”. Y, ¿cuándo se secuestra? ¿Cuándo lo que se busca es lucrar con la vida ajena?

Lacan dice: “Jugar al padre o lo peor”, lo cual nos invita a elegir, ¿qué sostenemos, al discurso “Amo” o a lo que causa nuestro deseo?

Fernando Araújo comienza el libro hablando de Mónica, su segunda esposa, y lo finaliza con una pregunta que le hizo Ruby, la primera. Entremedio una historia de un secuestro.

En el capítulo 26, “El psicoanálisis en mi vida”, habla de un recorrido, iniciado, por indicación materna: “Mi mamá me invitó a considerar el psicoanálisis como una experiencia que me permitiría un mejor conocimiento de mí mismo y que facilitaría mi propio crecimiento”. “Para que además mires el mundo desde una perspectiva más humanista que complemente tu visión y compromiso con la tecnología”. “Me gustó la sugerencia y durante muchos años encontré en el psicoanálisis una herramienta invaluable para mejorar mi realidad interna. Aprendí a enfrentar mis angustias, a superar mis temores, a entender el control de mi inconsciente sobre mis sentimientos y a interpretar sus manifestaciones a través de mis sueños, entre otras expresiones. Recuerdo el impacto que me produjo, cuando comencé mi análisis, el hecho de que en el lenguaje inconsciente se encuentren cifradas más cosas que en el mensaje manifiesto o consciente. Eso me fascinó. Recuerdo cómo personajes significativos en mi historia aparecían en palabras que lo contenían. Que el lenguaje pudiera contener mi historia, mis deseos y mi intimidad, me tenía más que asombrado”.

 Así supimos cómo había orden de matarlo si intentaba escapar o alguien intentaba rescatarlo. Lo necesitaban vivo, no porque la vida tuviese valor, sino porque el valor está puesto en el ganar dinero como sea, a cualquier precio. Por otro lado, los guerrilleros habían explotado los sentimientos de la familia, con angustias y presionando, querían imponer una negociación fraudulenta, no sabían que había un padre que no negocia con milicias siniestras, lo que posibilitó, después del tortuoso camino del prolongado cautiverio, que el hijo, estudiando estrategias, reflexionándolas, pudiese escapar y alcanzar la tan deseada libertad. 

Tejer con palabras sobre las heridas, produce un efecto de reparación, tal vez la palabra puede cumplir su función si, como muestra Fernando Araújo, se puede analizar,  reflexionar, en un tiempo, el necesario ¿y por qué no? con un nuevo amor…

 

^ARRIBA^

 

CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario Lidia Alazraqui

Me referiré, como lectora del libro “Conversaciones con Jorge Fukelman” realizado por Paula M. de Gainza y Miguel Jorge Lares a este como un encuentro entre tres que produce un despliegue a partir de algunas líneas temáticas, que a su vez son un comienzo renovado para cada lector. Esto porque no encontramos en él axiomas ni cierres apresurados. En las preguntas, que a veces son condensadas exposiciones, se despliega un saber pertinente para cernir los conceptos necesarios para la interlocución, acerca de la teoría y la clínica. Lo que en el libro aparece formalmente como respuestas de Jorge Fukelman, son a su vez aperturas que dejan entrever el espacio complejo y singularizado de una práctica que cuenta con una teoría. Con un punto de partida: el propio análisis, cuyos efectos no cesan, retomados en todas las actividades inherentes a una formación, que tampoco parece cesar cuando ese analista es a su vez abordado como productor de transmisión del psicoanálisis.

Es de agradecer, cuando a menudo nos vemos sumergidos en textos que sostienen la función de la falta pero no la vemos circular sino como suprimida, ahogada en saberes.

Paula de Gainza nos propone considerar la “repetición dogmática de saberes como anuncio de la muerte del psicoanálisis” que entiendo como un reclamo de transmisión a través de un analista atravesado por su propio inconciente y por el concepto de inconciente.

Otra repuesta posible, desligarse del soporte teórico y extender el campo de lo inefable es un poderoso sostén para las políticas que gestan los manuales que coagulan los criterios de diagnóstico y estadística, los DSM actualizados. Ofreciendo, ante las vacilaciones propias de la hiancia entre saber y verdad donde el psicoanálisis circula y produce, las seguridades de un positivismo amparado en postulados científicos, alejados, sin embargo, de todo pensamiento científico.

ALGUNOS PUNTOS:

Transmisión: Enseñanza y transmisión

Enseñanza: se trata de conceptos enunciados, el cuerpo teórico puede ser enunciado. Lacan habla de la estructura del análisis que puede ser enteramente accesible a la comunidad científica, Freud así la constituyó.

En cuanto a la transmisión, hace falta un psicoanalista, hablar desde un análisis. Fukelman propone que los efectos que a veces aparecen en un análisis dependen en gran medida de lo que falta en una práctica, de lo que quizá no puede ser pensado, pero sí articulado. Lacan se refiere a esto y lo llama condición del análisis, dice que “el verdadero trabajo en él está escondido” por naturaleza. Fukelman vincula  la presencia del analista con la mostración, pero el otro soporte, dado por el cuerpo teórico, tiene el poder de permitir un trabajo sobre una base estructural. No podría renunciarse a ninguno de ambos.

Cuando Fukelman nos recuerda la postura de Freud, en el “Malestar en la Cultura”, donde ubica al psicoanálisis y a la droga como salidas para el malestar, sin optar ni recomendar uno u otro,  recuerda al Freud sumergido en los callejones de la reacción terapéutica negativa y aún así diciendo que el analista no debe ceder a su inclinación a conseguir el bien del paciente, sino que está ahí para hacer hablar algo en el sujeto. Terreno ético del psicoanálisis, que marca tanto sus obstáculos como sus atravesamientos.

 El relativo al juego es un capítulo central del libro, que concierne a todos: niños, padres, analistas. Miguel Lares lo hace arrancar a través de plantear el síntoma en el niño. La respuesta pone de relieve y de entrada, el juego, el síntoma, ligado a lo reprimido de los padres en el cuerpo del niño, pero no solo eso sino una condición: que no pueda jugar con eso. Allí se hace referencia a Pascal Quignard, a la música en el campo de concentración que este menciona en su libro “El odio a la música”. En ese momento habla de escuchar ritmos y cadencias, todo aquello que no puede estar significado pero puede escucharse, aun con la dificultad que supone el concepto de lalangue lacaniana, en ese cruce que reúne el goce y lo imposible de decir.

El niño demanda jugar, y ese juego debe ser sancionado por alguien como tal.

En el capítulo sobre Historicidad y estructura las preguntas se orientan hacia el tema de la declinación del padre. Fukelman se inclina a considerar más bien la declinación de los aparatos simbólicos que permiten que un sujeto pueda dirigirse a alguien cuando una demanda se instala. Aquí nos encontramos con algo que tiene que ver con lo público y lo privado, que es abordado en el campo del psicoanálisis, fuera de conceptos sociológicos pero no fuera de tomar en cuenta la presión y los efectos de las instancias sociales. La ciencia y el capitalismo, en sí mismos sostienen sistemas delirantes, adaptados a la realidad de las cosas que suceden, o sea, aparentemente cuerdos.

Los tres interlocutores presentes en este libro parecen compartir el criterio de que, como psicoanalistas, no están exentos sino comprometidos a poner, como se pueda, el psicoanálisis como instrumento para atender los requerimientos que para un sujeto representa el estar expuestos al cruce entre la gran historia y la pequeña historia. En este sentido van las preguntas y las respuestas. Por eso desfilan allí tanto los fenómenos del nazismo como la última dictadura que soportó nuestro país. Esto tiene que ver también con la declinación de los aparatos simbólicos, que trae aparejado el surgimiento creciente de ofertas para que esta falla sea rellenada con la desaparición del síntoma por vías medicamentosas y/o la de proporcionar toda clase de objetos que se espera sirvan para el mismo fin, con el despliegue tecnológico correspondiente.

Termino con una referencia al sentido común, que se nos reclama con frecuencia. No cito a un psicoanalista sino a un escritor, John Berger: en su libro “Un hombre Afortunado”, presenta a un médico de pueblo en su relación con la gente del lugar. Estos dependen del sentido común, este médico no.

“Se suele creer que el sentido común es práctico, pero solo a corto plazo. A largo plazo es pasivo, porque está basado en la visión periclitada de lo posible. Cuando sus proposiciones devienen tradicionales adquieren la misteriosa autoridad de los oráculos, de ahí el fuerte elemento de superstición presente en el sentido común práctico”.

“El sentido común es la ideología doméstica de aquellos a quienes se ha mantenido en la ignorancia, fuera de enseñanzas fundamentales. El sentido común no aprende, pues en cuanto se corrige la carencia de estas enseñanzas su función termina por desaparecer”.

La idea que me ha transmitido este libro de Paula de Gainza y Miguel Leres, con la humildad de poner de relieve una voz que ellos autorizan al reconocerla y transmitirla, es la de la relativa libertad que tiene un lector para continuar el texto, si así lo desea, y como psicoanalista, me ha alegrado encontrar a otros que siguen en la brecha.

Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011

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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario Paula M. de Gainza

Buenas tardes, vamos a dar comienzo a la presentación del libro ”Conversaciones con Jorge Fukelman. Psicoanálisis: juego e infancia”, dándoles la bienvenida y agradeciendo presencia de todos ustedes.

Miguel Lares y quien les habla, Paula de Gainza, agradecemos a las autoridades de la Biblioteca Nacional por brindarnos este distinguido espacio.

La publicación de este libro ha sido posible gracias al Grupo Editorial Lumen. Nuestro agradecimiento a los directivos de Lumen; fundamentalmente a Ana María Makar, nuestra interlocutora en la editorial, por la cálida y seria recepción del proyecto.

Agradecemos a Violeta de Gainza y a Susana Kesselman, el haber aceptado y dado lugar a este libro dentro de la colección que dirigen, la colección “Cuerpo, arte, salud”. Y un especial agradecimiento a Violeta, por sus generosos aportes y sugerencias.

Sobre el final del trabajo de escritura, tuvimos la oportunidad de conocer a Jorge Bouzas, quien se encargó en la Editorial, del trabajo de armado y corrección del texto, a quien queremos expresar nuestra gratitud por su disposición y colaboración en el intenso contrapunto  previo al proceso de impresión del libro.

Un especial, cálido y afectuoso  agradecimiento a Elena Roberto, a quien tuvimos el enorme gusto de conocer y de quien nos llegaban -a través de Jorge- sus comentarios entusiastas sobre el trabajo, mientras  lo estábamos realizando.

Desde el inicio, este acontecimiento había sido imaginado de otro modo… Hoy celebramos haber conocido y contactado con la calidad personal de Jorge Fukelman, haber transitado con él muchos años de estudio y reflexión y haber tenido el privilegio de concretar  este trabajo que plasma algo del legado de quien consideramos un extraordinario maestro. Sin duda, las elaboraciones de Fukelman han marcado la  práctica analítica con niños en nuestro medio, de un modo contundente.

  Para referirnos a la obra que hoy nos convoca contamos con la presencia de dos invitadas dedicadas al psicoanálisis: Marina di Carlo y Lidia Alazraqui.

La licenciada Marina de Carlo forma parte del grupo de colegas que desde hace muchos años estaba estrechamente ligado a la reflexión de Jorge Fukelman. Además, sabemos sobre el amistoso y periódico diálogo que durante mucho tiempo, Marina ha mantenido con Jorge alrededor del campo de la literatura.

La convocatoria a la Dra.Lidia Alazraqui respondió a la expectativa de una lectura crítica por parte de una analista de destacada trayectoria .Lidia no ha estado directamente vinculada a la transmisión de  Jorge Fukelman, ella ha desarrollado durante 20 años su labor analítica en Madrid, donde dirigió la institución CEPIP. Actualmente, en Argentina, forma parte del comité de redacción de la publicación titulada “Psicoanalítica”, por nombrar algunas de sus actividades vinculadas al psicoanálisis.  En lo personal, una inmensa gratitud por contar hoy con su participación.

Podemos fechar el nacimiento de este libro hacia fines del año 2009, a partir de una ocurrencia que tomó forma tras el asentimiento de Jorge:”…la propuesta resulta tentadora”, nos dijo cuando fuimos a contarle nuestra idea. Tal como lo referimos en el prólogo, expresó: “Podemos conversar, y si lo que conversamos resulta interesante, consideraremos la publicación; si no, habremos pasado unas gratas tardes charlando.”

Nuestro propósito tenía que ver con registrar y  establecer por escrito lo que era su forma de pensar y trasmitir el psicoanálisis: habitualmente comunicaciones orales en las que Jorge ponía en acto sus reflexiones. El doctor Fukelman jamás daba clases magistrales. Lo que él planteaba tenía el rasgo de estar siempre en construcción. Había que seguirlo en una serie de asociaciones que nada tenían que ver con un saber acabado y terminado. Por otra parte, con su singular disposición a escuchar, habilitaba y tomaba cada pregunta con un enorme respeto.

Y así fue, que el marco de un clima cordial, distendido pero profundamente serio –propio de su estilo-transcurrieron los encuentros en su consultorio. Fueron una decena de  reuniones entre enero y octubre del año pasado. Miguel y yo propusimos los temas centrales y luego nos dejamos llevar por lo que fue surgiendo en el discurrir de las charlas. Con entusiasmo fuimos atravesando esta experiencia de las conversaciones, una experiencia transitada sin promesas respecto de los resultados.

El libro incluye y respeta la totalidad del contenido de las charlas en su exacto orden de desarrollo. Hemos hecho una fuerte corrección de estilo en la que el mayor empeño fue reflejar en la escritura el modo de transmisión de Fukelman.

Encontrarán en el pie de las páginas, las referencias que hemos considerado adecuadas para aportar caminos de búsqueda sobre algunos conceptos psicoanalíticos, referencias que además  dan cuenta de los fundamentos de un lector incansable.

Con la anuencia de Jorge, al final de varios capítulos agregamos una serie de comentarios, en forma de escolios, que anudan ciertos temas tratados en el apartado. Para la confección de los escolios realizamos una búsqueda en todas las disertaciones públicas que tuvimos a nuestro alcance desarrolladas entre los años 1991 y 2007 y representan, así como la obra toda, un intento de acercar la transmisión del Dr. Fukelman a la escritura.

Para finalizar quiero comentar algo respecto de la tapa del libro. El día 20 de octubre de año pasado realizamos el último encuentro, y entonces, decidimos tomar algunas fotos. Cuando estábamos ubicando la cámara, para sacar una automática, Jorge dijo:”esperen, quiero que en la foto salga este cuadro que a mí me gusta mucho”. Era “El bibliotecario” de Arcimboldo, que -en honor a esta anécdota-fue elegido por nosotros para ilustrar la tapa del libro.

Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011

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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario Marina di Carlo

Voy a leerles una cita que menciona  Jorge en el libro “Conversaciones”.

 “Los antiguos decían que había una manera de hablar que era como si se estuviera viendo algo y haciéndolo ver a quienes estaban escuchando. Esta manera de hablar era estrictamente el entusiasmo.”

Hace un tiempo le comenté a Jorge  que estaba leyendo con un grupo de colegas una charla que en alguna oportunidad él había dado en el Hospital Español.

Le comento entonces, como para tenerlo al tanto, sobre el punteo que estaba haciendo de esa lectura.

Después de escucharme atentamente, se quedó un momento en silencio y luego dijo: “Creo que hay ahí un entusiasmo que no recuerdo que haya estado en lo que yo dije”.

Este era el efecto que Jorge producía a quienes estudiamos con él, un entusiasmo con el psicoanálisis, con su estudio y lectura.

A tal punto que dos psicoanalistas, Paula de Gainza y Miguel Lares, se proponen y le proponen hablar de psicoanálisis.

En estas conversaciones uno puede encontrar dos entusiasmos.

El primero es el que Jorge genera a través de sus articulaciones.

Estas articulaciones son su marca: el juego y la infancia, el retorno de lo reprimido de los padres, el síntoma y el acting-out, el juego y el lenguaje, el fenómeno histórico, la tercera generación y la lengua, dictadura, Malvinas, Latinoamérica, transnacionales, globalización, medicación.

También aquí están los autores con los que él pensaba. Aquellos que uno mismo luego se sentía impulsado a leer. Además de Freud y Lacan: Perec, Agamben, Aries, Quignard.

El otro entusiasmo del que quería hablarles, lo resumiría en el modo clásico con el que  Jorge formulaba la entrada al juego “Dale que yo era…”.

Y aquí retomo las palabras del principio:

“Los antiguos decían que había una manera de hablar que era como si se estuviera viendo algo y haciéndolo ver a quienes estaban escuchando. Esta manera de hablar era estrictamente el entusiasmo.”

Y allí están sus intervenciones, esas veces en que es o hace de analista, no siempre…

Entonces le dije:” Yo tengo un libro, “El castigo en la ciudad” que describe los castigos a personas que no se portaban bien, al estilo de la edad media…”

“Y el monstruo ¿Va a entrar por la ventana o por la puerta?” Y el pibe contesta:” Va a entrar por la puerta.”

 O ante las palabras de un padre:” mi hijo grita”. Jorge interviene: “¿grita o les grita?”

En todo momento esta lectura tiene el tono de una conversación y esto me recuerda a Deleuze.

Deleuze daba unas clases sobre Spinoza. En un momento en el que uno de sus oyentes hace un comentario sobre el filósofo holandés,  él le dice a su auditorio que no parece que Spinoza les hable al oído.

Y agrega que a él Platón no le habla al oído pero sí lo hace Spinoza y agrega que es muy importante encontrar los filósofos que nos hablen al oído.

Bueno, creo que la lectura de “Conversaciones con Jorge Fukelman. Psicoanálisis: Juego e Infancia” nos da la oportunidad de sentir que nos hablan al oído.

Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011

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CONVERSACIONES CON JORGE FUKELMAN. PSICOANÁLISIS: JUEGO E INFANCIA (LUMEN 2011)

Comentario Miguel J. Lares

Hace unos años se publicó una obra dedicada a la historia  de los psicoanalistas de niños. Jorge Fuekalman escribió unas pocas pero cálidas palabras sobre esa publicación. Refiriéndose a dos personas que la autora rescataba en esa historia, Fukelman usó la expresión “injustamente relegadas”.

En uno de los últimos capítulos del libro Jorge comenta respecto de su recorrido como psicoanalista. En los primeros años de los ’70 él y Elena Roberto eran docentes en la carrera de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

El Dr. Fukelman estuvo al frente de la cátedra de Psicopatología de esa carrera y fue desde allí que tuvo la iniciativa y la decisión de invitar a un personaje íntimamente asociado a la introducción  de la enseñanza de Jacques Lacan en Argentina. Ese personaje era Oscar Masotta.

Sobre esto Jorge nos comunicó algo que siempre le había llamado la atención: Las clases que Masotta dio en la UBA, en su cátedra, se  reprodujeron a lo largo del tiempo a través de distintas publicaciones psicoanalíticas, omitiendo sistemáticamente  la mención del responsable de esa invitación así como del lugar donde se habían llevado a cabo las disertaciones.

Con gran satisfacción hemos comprobado que nuestro amigo Marcelo Izaguirre subsanó esas omisiones, y eso lo llevó cabo tanto en su obra “Jacques Lacan, el anclaje de su enseñanza en la Argentina” (de esto alcanzamos a ponerlo al tanto a Jorge a fines del 2009) y luego, de manera definitiva, en el prólogo que recientemente escribiera para la reedición de “Ensayos Lacanianos” de Oscar Masotta.  

De ese prólogo de Marcelo, extraigo esta cita: Becario de la Universidad de Buenos Aires en los años sesenta y expulsado por el gobierno de facto de 1966, Masotta retornará a ella en 1972. Masotta dicta dos clases en la cátedra de Psicopatología de la uba, aquí publicadas bajo el título “Edipo, castración, perversión” (p. xxx). Jorge Fukelman, responsable de la invitación, afirmó que aquella clase contó con una cantidad inusual de alumnos y oyentes, y fue el único cambio que en esa época –fines de 1972 y principios de 1973– no se promovió en las aulas de Psicología invocando a Marx o Mao sino a Freud y Lacan.”

Como ya ha dejado entrever Paula en su comentario respecto a la labor en los grupos de estudio: no era sencillo compartir horas de reflexión con Fukelman.

Algunos de los colegas que están hoy presentes pueden dar testimonio de eso. En un estilo que estaba siempre en una relación de exclusión con lo académico, era palpable el malestar inherente a nuestra práctica. Jorge no le gambeteaba a la dificultad, esto también era así para los que formábamos parte de ese proceso de transmisión con él.

Los efectos de ese estilo eran palpables: gente que se iba raudamente porque les resultaba insoportable, como nos consta que ocurrió con muchos de los que pasaron por los grupos, o bien para quienes se quedaban, la estimulación del deseo de arreglárselas con las propias dificultades y el renovado interés que resultaba de eso.

Eso lo pueden atestiguar varias generaciones de analistas que con esa impronta han realizado y realizan importantes contribuciones en el campo del psicoanálisis aplicado a la infancia.

El Dr. Fukelman se dedicaba al psicoanálisis. “Dedicado al psicoanálisis” es la expresión que él mismo solía elegir para ser presentado y esta dedicación al psicoanálisis resultaba, según sus propias palabras, de la encrucijada entre el análisis personal, la práctica clínica y sus lecturas.

A mí me gusta pensar que este libro tiene mucho que ver con la música. Violeta Gainza, personaje clave en este proyecto, viene de la música, de una vida dedicada a la música y de un recorrido prominente en ese campo.

Y por extraño que pueda sonar fue en términos musicales que  le planteamos a Jorge esta invitación.

Le dijimos: vamos a encargarnos de inscribir cada conversación imaginando que es el registro de música en una primera toma. Toma 1 que contiene una intención que ya no se repite en la sucesivas tomas. Pero como primera toma amerita luego un ordenamiento, plantea ciertas posibilidades, impone algunas obligaciones.

Casi como si le hubiéramos dicho: “Jorge: vas a grabar un disco y nosotros nos vamos a encargar de escribirlo.”

           Los lectores especializados, sobre todo los que han estado bajo la égida de la transmisión de Jorge, sabrán juzgar el espíritu de esa labor de escritura que con Paula hemos llevado a cabo.

          Y justamente, quizás en una evidencia de cómo el maestro escuchaba, en el primer capítulo de “Conversaciones”, la primera intervención  de Jorge es una referencia sobre la cantante María Bethania y un particular enlace entre la música y el perfume.

Buenos Aires (Biblioteca Nacional), 17 de septiembre de 2011

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EDUCAR PARA CRECER (FunSaRe 2010)

Comentario de Eva Gerace

La Fundación para la Salud Reproductiva FunSaRe, como respuesta al establecimiento de la obligatoriedad de la educación sexual en nuestro país y en su compromiso con el tema, ha decidido participar activamente en este tópico, encomendando a especialistas la elaboración de una colección de libros para padres y docentes y cuentos para niños y adolescentes.

Es verdad que existe una amplia literatura referida a la educación sexual y la mayoría habla de anatomía, de anticoncepción, de E.T.S., de SIDA, etc. En la colección Educar para Crecer se habla, además, sobre las herramientas que se puede ofrecer a los niños, así como a los padres y a los docentes, con el fin de poder educar con tranquilidad, reconocimiento y respeto para formar a las generaciones venideras y que no les tiemble la voz cuando surja la necesidad de hablar de sexo con sus hijos.

En la búsqueda de relacionar la educación con la salud, se trabaja en la integración de lo individual en lo social ya que, cuanto antes comencemos a ocuparnos de los niños, más significativa será su inclusión en lo social. Por ello hemos pensado este trabajo con los contenidos que están en relación a los parámetros requeridos por la Constitución Nacional, la Constitución Porteña y las normas establecidas por la Ley Nacional de Salud Reproductiva.

Es una obra que apunta a la prevención de los problemas que más nos preocupan hoy, tanto a gobernantes, padres y educadores, como a todos aquellos que trabajamos en salud: las adicciones, los disturbios de la alimentación, los embarazos no deseados de los adolescentes, en fin, dificultades, que actualmente se han incrementado. Conflictos en la relación padres-hijos donde es común aceptar que los niños sean los que comandan… los adultos han pedido fuerza y tranquilidad para afrontar la difícil tarea de educar. Situaciones que se reflejan también en la escuela. Así es que proponemos algunas herramientas para ir a la raíz de estas dificultades.

Si los padres y educadores lograran transmitirles, enseñarles a los niños, desde que son muy pequeños, que hay cosas que se pueden hacer y otras que no, tendrían más posibilidades, esos niños y jóvenes, de vivir mejor pudiendo sostener su deseo. El adulto debe aprender a reconocer al niño como sujeto, enfatizando la importancia del respeto y la verdad.
Establecer un orden, marcar las diferencias y ayudar a sostener el deseo, es la verdadera esencia de la educación. Aceptar las diferencias y sostener el deseo nos humaniza. Además nos posibilita vivir en libertad, liberados de cualquier elemento que ocupe el lugar de “opresor”: persona, droga o cualquier otra adicción. Los adultos, tanto padres como docentes, deben enseñar respetando “siempre” al niño y al joven.

Al mismo tiempo, la intención de la colección de cuentos, es aportar diferentes historias para que los niños puedan apreciar las dificultades que se presentan en cada período de la vida. Historias cotidianas, ilustradas, donde los protagonistas son los niños con sus preguntas e inquietudes, que aparecen en cada etapa de su crecimiento, buscando ayudarlos, brindarles respuestas y posibles actitudes para evitar “heridas” que a veces resultan muy difíciles de cicatrizar. De esta manera, se estarán previniendo las experiencias más dolorosas de la niñez y de la adolescencia, que dejan “marcas” indelebles en el cuerpo y el psiquismo y conducen a profundos sufrimientos, no sólo durante esos preciosos años sino, además, durante la vida futura.

El diálogo profundo con los niños, basado en la comprensión, se puede establecer y sostener cuando hay disponibilidad y “espacio” en los padres y en los educadores. Esto nos posibilita pensar una educación real, activa, en lugar de “amaestrarlos” como seres pasivos.

No existe la posibilidad de una verdadera libertad y salud psico-física si no se hace un trabajo de fondo en la educación sexual desde muy pequeños. Tanto padres como educadores deben ayudar al niño frente a sus primeras curiosidades sexuales, sin falsear ni faltar a la verdad y con los límites que impone el orden, para permitir su crecimiento intelectual y afectivo. En el verdadero sentido de la educación: brindarles seguridad y confianza, que es lo más precioso que deberán recibir los niños y que necesitan para crecer, para hacerse hombres y mujeres libres.

No hay recetas universales preestablecidas. El desarrollo infantil procede en etapas que podrían llamarse comunes, pero cada niño las afronta con sus propios recursos, con los elementos que cada uno de ellos posee. Ellos llegan comunicando signos y se trata de ayudarlos a que puedan descifrarlos.

Siguiendo los ejes temáticos planteados, trabajamos sobre el reconocimiento, la construcción de la identidad y la valoración de la diversidad, destacando la valía de la amistad y la solidaridad, como así también, el respeto por la propia intimidad y la de los otros.

Sabemos que vivir en sociedad no es fácil. Más allá de esta realidad, y precisamente por ello, nos toca promover el respeto entre los hombres y las mujeres tanto como entre los niños y los adultos.

Educar para crecer es un proyecto que ve la luz gracias al esfuerzo de un grupo de profesionales de la salud, de la educación y del arte. Roberto Coco, genetista, especialista en reproducción humana y docente; Eva Gerace, psicoanalista, docente e investigadora en temas de prevención, Francesco Idotta, escritor y docente de escuela primaria, secundaria y universidad han reunido sus experiencias en esta colección. Los libros han sido ilustrados por la artista plástica Patricia Gerace.

 

Colección “Educar para Crecer”

La palabra es el medio del transporte del amor, del deseo y del engaño. Su uso requiere cuidado. La palabra se convierte en la protagonista de estos libros. Se pretende que sea verdadera, porque no quiere enseñar. Sí comprender y trasmitir. Ella encarna el deseo y admite las diferencias. Razones socioculturales, en los tiempos actuales, han llevado a que los valores se hayan confundido. Algo de la autoridad paterna declina. Para no conducirnos a engaño, la palabra necesita de una brújula, la Función Paterna: la misma divide las aguas entre autoridad y autoritarismo. La palabra es engañosa si vuela bajo, quiebra las piernas y ensombrece… sobre todo a los jóvenes, desorientados, a la deriva si aquella brújula no los guía. Este libro fue pensado para orientar a padres y docentes, junto a la lectura de los libros de cuentos, “El Camaleón de la lengua larga”, con los cuales deseamos iniciarlos en el vocabulario de las diferencias y de la educación amorosa. Tanto los padres como los educadores tienen un compromiso: acompañar a los niños y a los adolescentes para que se acostumbren a dar sentido a lo que les sucede, una posibilidad de encuentro con el deseo, con la vida.

 

“El Camaleón de la lengua larga”
Francesco Idotta

El libro para niños de 3 a 5 años de edad, “El Camaleón de la lengua larga” relata una historia de amistad entre dos niñitos, Agustín y Anita, que investigan sobre la vida y sus misterios… a partir de cosas cotidianas. Un viaje, en varias etapas, a los lugares de descubrimiento de sí y de la propia dimensión humana y sexual. Dos niñitos a la conquista de nuevos universos, dentro de los cuales puedan extender su extraordinaria energía. Debajo de un árbol de higos, el Camaleón de la lengua larga entona para ellos su canto de felicidad y del deseo.

 

Agustín y Ana crecieron, ahora van a la escuela, la historia de amistad entre ellos también sigue creciendo… El libro “El Camaleón de la lengua larga” para niños de 6 a 9 años de edad, trata sobre un segundo viaje, en cinco etapas, por los lugares de descubrimiento de sí y de la propia dimensión humana y sexual. Dos niños a la conquista del propio cuerpo, a través del cual logran descubrir sus extraordinarias vitalidades, empujados por la curiosidad y el deseo de conocer. Debajo del árbol de higos el Camaleón de la lengua larga ha formado una familia y sobre la pared de la escuela la araña Pinto ha tejido su telaraña espacial.

 

Agustín y Ana están entrando en la adolescencia; llega el tiempo de la pasión y de la responsabilidad. La vida asume colores más decididos. Los espacios externos se reducen. Las sombras interiores crecen y con ellas los interrogantes: de la vida a la muerte… y otra vez a la vida; del dolor al regocijo. Alcanza un instante para mezclar las cartas y los acontecimientos. Un soplo de viento y un rayo de sol se posan sobre el Camaleón de la lengua larga, que deja desnuda la rama sobre la cual, por años, ha cantado sus canciones de amor. Una fábula dulce como el amor, dolorosa como la vida, plena de esperanza como el hombre.

 

 

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Mirta Pipkin - LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO (Letra Viva Edición 2009)

Comentario de Elida Fernández

El primer resultado reconfortante de la lectura del libro es que uno puede decir sin temor a equivocarse que es un libro “hecho en Argentina”, es decir, habla de lo nuestro, de nuestros suicidios, de nuestras tragedias, de nuestros horrores , utilizando vastos  recursos   para abordar el tema.

Esto tiene un encanto especial en nuestra comunidad psi, tan fascinada por citar a  los analistas de la escuela preferida allende los mares, donde paradójicamente conocen más a Pichon Riviere o a Bleger que nosotros mismos.

Mirta Pipkin se mete con Lugones, con Borges, con los desaparecidos durante el Proceso Militar , con los  sobrevivientes de Cromagnon. Nos trae a Juarroz,  a Juan José Saer, a Marechal.

Otra virtud del libro es que se nota  en su autora, no sólo las múltiples lecturas, sino su entrañable amor por la literatura a la que apela en este tema tan arduo, tan de borde del abismo donde se terminan las palabras, al borde de  lo siniestro, lo inexorable. Sólo de la mano de los  escritores puede uno asomarse a ese abismo  donde el ser humano decide o es impulsado a quitarse la vida.

Estando en Grecia donde los guías hablan de Edipo como si no fuera el personaje de un mito sino alguien que existió, le pregunto a la guía por qué la esfinge , al adivinar Edipo su acertijo, ella se suicida : la guía me contesta muy decidida  : “estaba escrito en su Destino.” ¿Qué o quien  puede escribir en el Destino de alguien ese final trágico?

¿Se puede  torcer el Destino? o como lo pregunta Pipkin: ¿Es posible desviar un Destino  Trágico?

Leemos en el libro:

“¿Qué es lo que empuja a que la muerte sea la cifra del deseo actual?¿Será la urgente necesidad de un sujeto cada vez más excluido , aplastado por el Ideal , tomado por la pulsión – y no en el amor sino en la mortificación – la que encuentra en esa salida en lo real  el único recurso eficaz?

¿Y cual es el limite de la responsabilidad del analista, a la hora de promover una reescritura que logre desviar esa  insistencia de lo  pulsional  que puede terminar en tragedia?

¿Cómo leer esa cifra de muerte que no sea una lectura en el sentido del sentido, ya que se trata de la verdad del goce?"

Estas son algunas de las preguntas con que Mirta Pipkin se propone este recorrido  intenso  donde no va a  sacar conclusiones apresuradas sino que va a  hacer un verdadero recorrido, un ensayo por la filosofía, la literatura, las tragedias sociales  donde une su apuesta al trabajo del análisis, a la lectura de aquellos que por fuera del psicoanálisis nos hacen acceder a los bordes de lo real, sin dejar de ir y venir con su lanzadera tejiendo esta trama que nos  hace asomar a la tragedia , al pecado del padre  y su herencia, a lo mortífero y sus múltiples trampas.

Nos encontrarnos con una apuesta fuerte  a la ética analítica y a la ética del psicoanalista, que como ella dice, su único mandamiento  en relación a la insistencia de lo real pulsional, es el deseo de no ceder en el deseo, al goce.

Todo buen  recorrido  tiene un anudamiento, y el que leo en este texto es la ética del analista en relación al encuentro con lo real: “Por eso, una ética que se diga analítica va en la dirección opuesta al deseo de reconocimiento: le interesa el reconocimiento del deseo”.

El último subtitulo del libro es: “Psicoanálisis, una mirada comprometida con el horror”  y allí  otra vez nos reencontramos con la pregunta inicial: ¿Es posible que la experiencia analítica pueda desviar un destino trágico, ese destino  trazado por el padre, aquel que transmite su pecado? Su respuesta es: “Entonces, si la experiencia analítica en los límites opera como soporte, como lo que, por su materialidad, se convierte en condición de posibilidad, es sólo en tanto logra anudar la muerte a la vida  y al cuerpo, para mantener al hombre en el único mundo  humano: el del deseo.” Si y sólo si, condición básica de posibilidad que radica en ese anudamiento. Apostar al deseo, a una ética que no retrocede ante lo trágico, a un analista que alumbre  el reconocimiento del deseo y no busque el deseo de reconocimiento.

No son sólo  formulaciones de buenos deseos ni  propuestas esperanzadoras: la  autora  lo dice desde su quehacer, del cual este libro, al que doy mi calurosa bienvenida, es un intento de testimoniar, de bordar teorías, hipótesis , conclusiones , condiciones en una posición ética desde la cual Mirta Pipkin piensa y trabaja.

Y así, pensando en este libro, en estos temas, vino a mi encuentro un poema de Dulce Chacon que se titula: Suicidio ,o morir de error

“Antes de estrellarse contra el suelo, la miró
con asombro. Saltaremos juntos –le había
asegurado la bella bellísima- Una. Dos. Y
Tres. Y él se precipitó. Y la bella  bellísima
le soltó la mano. Y desde lo alto, asomada
bellísima en azul, le juró que le amaría
hasta la muerte”.

Buenos Aires, agosto 2009

 

^ARRIBA^

 

Francesco Idotta - ROTTE MEDITERRANEE. Dal Mare sopraggiunge l’Altro, Messaggero di novità (Città del Sole Edizioni 2009)

 Comentario de Eva Gerace

“Sorprendido
Cada día
Sorprendido
Por la vida…
Amando
El mar…”
, poesía destinada, Francesco Idotta

Rotte Mediterranee es un libro que habla desde este mar. El autor, Francesco Idotta, en el epígrafe nos adelanta que es Real, porque habla de un Lugar específico: El Mare Nostrum.
Así, comenzamos a encontrarnos con una parte de la historia de este mar y de las tierras que lo rodean, pero también podríamos preguntarnos por el viaje personal del autor, el cual nació, precisamente, frente al mar de Ulises, y se formó en estas tierras, atravesado por estas ondas marinas, las cuales le han enseñado a leer entre una y otra, estancar entre una ola y la otra, porque quién está en viaje está siempre en ventaja, tiene el ojo entrenado a la diferencia, puede leer mejor entre las líneas, el no dicho del ser lo habita y no sufre de vértigos, porque está habituado al zarandeo.

Francesco Idotta dedica sus palabras a quién tiene el coraje de vestir el hábito del propio Lugar, ¡con mayúscula! Y nos explica, qué quiere decir habitar un lugar, y… como vestirse de ese lugar… hasta que devenga elegante. Llega, con rigor a este y otros conceptos, pues: abre las palabras, las acaricia, las desnuda y las vuelve a vestir, nos recuerda a Octavio Paz, en El Mono Gramático. Así, elegans – antis llega a ser aquél que sabe elegir
El coraje de apropiarse del lugar, de sí mismo: Sin miedo por lo ignoto. Y a quién no ha hecho este viaje, lo lleva de la mano para hacerle ver el mar de las posibilidades…

Su preocupación es el Mediterráneo, el hombre del Sur que tiene tantas cosas para decir al Norte y a Europa. Y parte desde lejos, desde el inicio de la historia del pensamiento, tanto árabe como griego. Dialoga con diferentes autores… como si fueran; en esas largas noches esparcidas de estrellas… y en los días bañados de sol o de tempestades; sus compañeros de ruta. Y desde allí escribe.
El autor muestra aquello que le pertenece: su profunda formación en filosofía e historia. Del mismo modo que su veta poética. Se sirve de las palabras para mostrar la potencia que transportan.

Cuando se puede llegar a algún puerto que hable de las verdades del ser, y se tiene el coraje de dejar las seguridades que ya no sirven, eligiendo navegar hacia lo nuevo, allí hay una recuperación, nos explica, aceptando las diferencias que llegan desde el otro.
Aceptar realizar este trabajo, como expone con claridad Francesco Idotta, es lo contrario al nazismo, el cual trata de aniquilar al otro sólo porque es otro, porque no piensa como él.

El marinero, continúa escribiendo, mientras navega entre cielo y mar, rezando al dios del mar, pierde la fe en sí mismo y queda entrampado en una red de supersticiones… para navegar seguro sí necesita de una fe, pero en sus capacidades. Tal fe es la filosofía.
De este modo el marinero sabe de libertad, la cual se inaugura con la aceptación del naufragio. De la conciencia de la propia finitud.

“Rotte Mediterranee” es un libro que va al encuentro de lo diferente: de aquello que es diferente a mí, de aquél que habla otro idioma, que tiene otra religión… como cada país que abraza al Mediterráneo. Así, continúa diciéndonos el autor, el filósofo hace una lectura del desarrollo de los lenguajes humanos como son el Arte, la política o la religión… las cuales pueden unir o separar ásperamente. Porque: el otro es siempre un peligro. Avanzando, con su estirpe de maestro, nos enseña el valor de la comunicación, como posibilidad de entender al otro en su singularidad, sin tratar de cambiarlo o peor aún, obligándolo a ser lo que no es. Resalta así el valor fundamental de las palabras y muestra como la tarea del poeta es imprescindible, tanto como la del filósofo, en esta comunicación, en esta reflexión profunda.

Como buen investigador, Idotta, muestra en su último libro, no sólo la amabilidad para recibir al extranjero, la “acogida” que caracteriza a la gente Meridional, sino, además, la “exclusión”, que algunos son capaces de sostener. Lo hace a través de una poesía: Addio al mezzogiorno, escrita por W. Auden, donde el poeta hace emerger una triste conciencia: el Sur sabe excluir, su Sol no parece ser para todos, los habitantes de aquéllas tierras piensan que son los únicos que pueden disfrutarlo, pero por fortuna, entre ellos hay otros hombres, intelectuales, pensadores, que nunca se resignan a la indiferencia, nunca se acostumbran a la hostilidad.

Para llegar así, pensamos, el concepto cardinal que el autor pretende enunciar: Ser todos iguales no es una buena prospectiva, aquello que se debe auspiciar es una identidad de posibilidad, una igualdad de tratamiento delante al derecho. Con los mismos derechos y deberes ante la ley, pero cada uno con su singularidad. La identidad se funda en la diferencia con el otro, parece confirmar el joven pensador.

Podemos encontrar diversos principios, para seguir aprendiendo, con la lectura de éste libro, sólo recordemos otra, como si fuese una invitación: “amen desde las diferencias, porque ese es el verdadero amor”. El hombre es capaz de frenar la carrera cada vez más indomable de la historia, pues aunque sea conducido por la masa, puede decidir descender de la escalera mecánica, accionada por las neurosis, y enamorarse.

El último capítulo nos acerca otra sorpresa, una articulación entre Pinocho y Ulises, para hablarnos del coraje de la diferencia. Donde, con maestría nos hace entender las trampas en las que comúnmente se cae al hablar de normalidad y el pensar que somos todos iguales. El autor nos presenta a un Pinocho que lucha con todas sus fuerzas para afirmar su diversidad.
Asimismo nos muestra como Pinocho dice una mentira para ayudarlo, y aquella mentira es una prueba: el que es diferente tiene que fingir, decir mentiras, de otra manera es privado de su identidad y con ella la libertad… quizás si alguien hubiese abierto un diálogo con Lucignolo, que aparece como el niño malo porque… aún hoy los Lucignolos no son escuchados, pero sí golpeados

Para finalmente aclararnos como lo extranjero, lo diferente, se pierde, porque es rechazado. Rechazado porque representa rebeldía, así nos muestra a Pinocho, en la versión de Collodi, cayendo en el conformismo… equiparado a Ulises, quien dirigiendo su mirada hacia el lugar donde vive su fatal enemigo Poseidón, se siente extranjero en sí mismo; Pinocho y Ulises tienen que usar máscaras: para no hacerlo reconocer, Atenas, en más de una ocasión, lo disfraza… Habría que preguntarse cual sería el verdadero rostro de Ulises…Como se ha dicho, sólo Argo logra verlo.

Casi a mitad camino, en el capítulo IV: Entre Estrellas y Mar. Con Heidegger y Nietzsche. El alba y el conocimiento. Encontramos una perla. Francesco Idotta nos trae a Penélope como la verdadera viajante, no a Ulises. Ella ha habitado Itaca, ha derrotado la manía del infinito acogiéndolo como su lugar, sentada en su telar. El hilo para entrelazar es la desconcertante línea del infinito…Penélope la ha seguido y en ella se ha perdido… Una excelente representación de la feminidad que encarna Penélope.

Bagnara (RC - Italia) , agosto 2009

 

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Mirta Pipkin - LA MUERTE COMO CIFRA DEL DESEO (Letra Viva Edición 2009)

Comentario de Blanca Aragón Muñoz

Se trata de un texto que con el eje común del suicidio, va a ofrecer, al modo de un caleidoscopio, un recorrido amplio por distintos conceptos psicoanalíticos como la angustia, el goce, el Otro, el duelo y, diría que muy especialmente, el objeto a. Todo ello con una buena cantidad de referencias que invitan a conectar con otros autores y temas.

La autora hace la distinción entre el suicidio como acto, donde dice, “el sujeto se desliga de la pregunta por el deseo del Otro”, y el suicidio como acting y/o pasaje al acto, donde “el Otro acosador exige sacrificios en lo real del cuerpo”.

 

Hay un desafío, un guante lanzado al rostro en la primera línea del prólogo “¿Es posible para el psicoanálisis desviar un destino trágico?” Otro modo de plantear esta cuestión que sirve de título también al capítulo final, cerrando el ciclo, sería si podría haber para ciertos sujetos una posición de distanciamiento del Otro que no fuese el suicidio.

 

El capítulo que en mi opinión (la de una española sin vivencias ligadas a la historia contemporánea argentina), posee una originalidad muy interesante es el dedicado a Pirí Lugones.

Pirí Lugones fue una de los noventa y tres periodistas desaparecidos en febrero de 1978. Ligada al movimiento montonero con el rango de oficial, se cuenta que desoyó las advertencias sobre su detención en el momento que volviera a casa.

En el texto se plantea la pregunta acerca de si Pirí cae en una trampa como tantos otros detenidos-desaparecidos en ese período en la Argentina o si está presente, también, un factor propio en relación con el peso de los hombres muertos a su alrededor. Sus últimas pérdidas: el suicidio de uno de sus hijos y la desaparición de su pareja.

La autora efectúa una investigación minuciosa en las biografías que los distintos autores han escrito sobre Pirí y directamente conversando con personas que la conocieron cercanamente. Lo que le permite trazar para el lector el esbozo de un personaje de tragedia.

Tres frases nos impactan desde las páginas del libro:

Soy Pirí Lugones, la nieta del escritor, la hija del torturador”, así se presentaba a sí misma.

“Leopoldo Lugones es uno solamente, en padre e hijo, y queda éste como guardián de mi obra”, del testamento de Leopoldo Lugones, abuelo de Pirí, considerado el poeta nacional argentino y cuya ideología se fue haciendo cada vez más fascista, apoyando el golpe de estado de Uriburu en 1930.

“Yo soy mi padre”, Polo Lugones, hijo de Leopoldo y padre de Pirí. Jefe de la policía federal, fue el introductor de la picana como instrumento de tortura. Es descrito como un sádico, un maltratador, capaz de las mayores crueldades.

Es en este marco de exaltación en el que se muestra a Pirí como un personaje fuera de lo común, fuera del universal, lanzada a la excentricidad, la excepción, la exclusión. Quienes la conocieron la describen como provocadora, fascinante, especial; teniendo que hacer cosas “bien Pirí”, originales, únicas en su clase, que se adjetivan con su apodo.

La autora nos recuerda una cita de Lacan en el Seminario 11: “El padre, el Nombre del Padre, sostiene la estructura del deseo con la ley, pero la herencia del padre, que nos designa Kierkegaard, es su pecado”. A través de esa cita, el texto nos muestra cómo algo va pasando de uno a otro en los tres Lugones. Allí donde parecen fallar los operadores, donde fracasaría el Nombre del Padre, quedan marcas de goce que no son cuestionadas. Pues, la palabra herencia lo evoca, no es obligatorio aceptar un legado. Una herencia puede ser rechazada. Ahí cobra sentido la frase de Lacan “pasar del padre a condición de servirse de él”.

 

En una nueva vuelta del texto, aparecen relacionadas la figura de Pirí y el personaje de Antígona, que es llamada en la tragedia “e pais”, la pequeña, y de quien dice el coro que es “omos”, tan “omos”como su padre. En el caso de Pirí habría que añadir“omos”, es decir inflexible, implacable, como su padre y su abuelo. Pues aunque ambos se quitaron la vida, es la forma en la que viven la que parece ligada a la herencia Lugones.

Siguiendo con la lectura, el nombre de Pirí proviene de un malentendido. Parece que su padre la llamaba “la pibita”y su abuelo, un hombre de letras, entendió “la pirita” .Se pregunta la autora “¿Podría haber evitado el extravío del goce quien debía su apodo a estos dos hombres?”

Si el Otro es el que nombra, es Pirí quien se identifica con su apodo, hasta arder en él. Su nombre oficial era Susana y por el que se la conocía en la clandestinidad, Rosita.

Este asunto de los nombres propios nos lleva a la polémica entre Russell y Gardiner, que Lacan comenta en el seminario de la Identificación. Éste, se intuye, simpatiza con la posición de Russell, aunque con matizaciones. Dice Lacan: “El nombre propio es lo particular en el sentido de ser irreemplazable. Es decir, que podría faltar. El nombre propio está hecho para llenar los agujeros, para darles su obturación, una falsa apariencia de sutura.”

Como si Pirí hubiera redoblado su parentesco con esos dos hombres asumiendo su apodo, que como nombre propio funciona como letra, en su función de rasgo unario. Es en esa característica de significante puro por lo que tiene máxima significancia.

 

Frente al enaltecimiento de Pirí, que sigue adelante en las circunstancias más atroces:”¿pero ustedes qué saben de tortura? Torturador era mi viejo” la oyeron gritar a sus verdugos. Frente a ese enaltecimiento, a esta posición encastillada de heroína frente a la Historia, “omos”como dice el coro de Antígona, no es muy probable que hubiera aparecido algo capaz de oponérsele, de reducirla a la condición de simple mortal.

Se requeriría una fractura en ese Otro tan consistente para que en esa vacilación apareciera la posibilidad de ese “pasar del padre a condición de servirse de él”.

Este tipo de personajes, ejemplificados por Pirí Lugones, constituyen un límite a lo que el psicoanálisis puede hacer. Tendrían que abandonar el territorio de lo mítico, de lo heroico, de la leyenda para siquiera concebir la posibilidad de un análisis.

Así pues, ante la pregunta de la autora acerca de si el psicoanálisis podría desviar un destino trágico, una respuesta posible sería: “Sólo si los dioses están a favor”.

Madrid, julio de 2009

 

^ARRIBA^